The Project Gutenberg EBook of Novelas de Voltaire Tomo Primero, by Voltaire

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Title: Novelas de Voltaire Tomo Primero
       Contents:
         Como Anda el Mundo, Vision de Babuco
         Memnon, o La Cordura Humana
         Micromegas,
         Historia Filosofica
         Historia de un Buen Brama,
         Los Dos Consolados

Author: Voltaire

Release Date: February, 2006 [EBook #9895]
[Yes, we are more than one year ahead of schedule]
[This file was first posted on October 28, 2003]

Edition: 10

Language: Spanish

Character set encoding: ISO-8859-1

*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK NOVELAS DE VOLTAIRE TOMO PRIMERO ***




Produced by Juliet Sutherland, Melville L. King
and PG Distributed Proofreaders




COMO ANDA EL MUNDO, VISION DE BABUCO,

ESCRITA POR L PROPIO.

Entre los genios que  los imperios del mundo presiden, ocupa Ituriel
uno de los primeros puestos, y tiene  su cargo el departamento de la
alta Asia. Bax una maana  la mansion del Escita Babuco,  orillas
del Ox, y le dixo as: Babuco, los Persas han incurrido en nuestro
enojo por sus excesos y sus desvaros, y ayer se celebr una junta de
genios de la alta Asia para decidir si habian de castigar  destruir 
Persepolis. Vete  este pueblo, examnalo todo; me dars cuenta, y por
tu informe determinar si he de castigar  exterminar la ciudad. Yo,
seor, respondi humildemente Babuco, ni he estado nunca en Persia, ni
conozco en todo aquel imperio  ninguno. Mas vale as, dixo el ngel,
que no sers parcial. Del cielo recibiste sagacidad, y yo aado el don
de inspirar confianza: ve, mira, escucha, observa, y nada temas, que
en todas partes sers bien visto.

Mont pues Babuco en su camello, y se march con sus sirvientes. Al
cabo de algunas jornadas, encontr en los valles de Senaar el exrcito
persa que iba  pelear con el exrcito indio; y dirigindose  un
soldado que hall en un parage remoto, le pregunt qual era el motivo
de la guerra. Por los Dioses celestiales, que no lo s, dixo el
soldado, ni me importa; mi oficio es matar  que me maten para ganar
mi vida: servir aqu  all, es para m todo uno; y aun puede ser que
me pase maana al campo de los Indios, que dicen que dan  los
soldados cerca de media-dracma de cobre al dia mas que en este maldito
servicio de Persia. Si quereis saber porque pelean, hablad con mi
capitan. Babuco, despues de haber hecho un regalejo al soldado, entr
en el campo, y habiendo hecho conocimiento con el capitan le pregunt
el motivo de la guerra. Cmo quereis que lo sepa yo? y qu me
importa, sea el que quiera? Yo resido  doscientas leguas de distancia
de Persepolis; me dicen que se ha declarado la guerra, y al punto dexo
mi familia, y, como es costumbre, voy  buscar fortuna  la muerte,
porque no tengo otra cosa que hacer. Y vuestros camaradas, dixo
Babuco, no estan tampoco mas instruidos que vos? No, dixo el oficial:
solamente nuestros principales strapas son los que  punto fixo saben
porque nos degollamos.

Atnito Babuco se introduxo con los generales, y se insinu en su
familiaridad. Al fin le dixo uno de ellos: La causa de la guerra que
asuela veinte aos ha el Asia, procede en su orgen de una contienda
de un eunuco de una de las mugeres del gran rey de Persia, con un
oficinista del gran rey de las Indias. Tratbase de un derecho que
producia con corta diferencia un trisimo de darico; y como tanto el
primer ministro de Indias como el nuestio sustentron con dignidad los
derechos de su amo respectivo, se inflamron los nimos, y saliron 
campaa de cada parte un millon de soldados. Cada ao es necesario
reclutar estos exrcitos con quatrocientos mil hombres. Crecen las
muertes, los incendios, las ruinas y las talas; padece el universo, y
sigue la enemiga. Nuestro ministro y el de Indias protestan con mucha
freqencia que no les mueve otra cosa que la felicidad del linage
humano; y  cada protesta se destruye alguna ciudad,  se asuelan
algunas provincias.

Habindose al otro dia esparcido la voz de que se iba  firmar la paz,
dieron el general indio y el persa  toda priesa la batalla, que fue
sangrienta. Vi Babuco todos los yerros y todas las abominaciones que
se cometiron, y fu testigo de las maquinaciones de los principales
strapas, que hiciron quanto estuvo en su mano para que la perdiera
su general: vi oficiales muertos por su propia tropa; vi soldados
que acababan de matar  sus moribundos camaradas, por quitarles
algunos andrajos ensangrentados, rotos y cubiertos de inmundicia;
entr en los hospitales adonde llevaban  los heridos, que perecan
casi todos por la inhumana negligencia de los mismos que pagaba  peso
de oro el rey de Persia para que los socorriesen. Son hombres estos,
exclamaba Babuco,  son fieras? Ha, bien veo que ha de ser destruida
Persepolis.

Preocupado con esta idea pas al campo de los Indios, donde, conforme
 lo que se le habia pronosticado, le recibiron con tanto agasajo
como en el de los Persas, y donde presenci los mismos excesos que le
habian llenado de horror. Ha, ha, dixo para s, si quiere el ngel
Ituriel exterminar  los Persas, tambin tiene que exterminar  los
Indios el ngel de las Indias. Habindose informado luego mas
menudamente de quanto en ambos exrcitos habia sucedido, supo acciones
magnnimas, generosas y humanas, que le pasmron y le embelesron.
Inexplicables mortales, exclam, cmo podis juntar con tanta torpeza
tanta elevacion, y tantas virtudes con tantos delitos?

Declarse en breve la paz, y los caudillos de ambos exrcitos, que por
solo su interes habian hecho verter la sangre de tantos semejantes
suyos, se furon  solicitar el premio  su corte respectiva, puesto
que ninguno habia ganado la victoria. Celebrse la paz en escritos
pblicos que anunciaban el reyno de la virtud y de la felicidad en la
tierra. Loado sea Dios, dixo Babuco; Persepolis va  ser la mansion de
la mas acendrada inocencia, y no ser destruida, como querian aquellos
malditos genios: vamos sin mas tardanza  ver esta capital del Asia.

Lleg  esta inmensa ciudad por la antigua entrada, aun sumida en la
barbarie, y que inspiraba asco por su rudo desalio. Sentase toda
esta porcion del pueblo del tiempo en que se habia edificado; que
hemos de confesar, sea qual fuere el empeo de exltar lo antiguo 
costa de lo moderno, que en todas cosas las primeras pruebas siempre
son toscas.

Metise Babuco entre una muchedumbre de gento compuesto de quanto mas
puerco y mas feo en mbos sexs pueda hallarse, la qual entraba  toda
priesa en un obscuro y tenebroso recinto. El continuo zumbido, el
movimiento que notaba, y el dinero que en un platillo algunas personas
echaban, le di  entender que estaba en un pblico mercado; pero
quando vi que muchas mugeres se hincaban de rodillas, mirando al
parecer  lo que tenian enfrente, y en realidad  los hombres de lado,
ech de ver que se hallaba en un templo. Unas voces speras,
carrasqueas, desentonadas y gangosas hacian que en mal articulados
sonidos la bveda resonara, parecidas  la voz de los animales
cerdudos que en las llanuras de la Mancha responden al corvo y agudo
instrumento que los llama. Tapbase los odos; mas tuvo luego que
taparse ojos y narices, quando vi que entraban en el templo unos
zafios con palas y azadones. Levantaron estos una ancha piedra;
tirron  mano derecha y  mano izquierda una tierra que exhalaba un
hedor intolerable; pusieron luego un muerto en el hueco que haban
hecho, y volviron  sentar la piedra. Con que entierran estas
gentes, exclam Babuco,  sus muertos en los sitios mismos donde
adoran la divinidad! con que estan empedrados con cadveres sus
templos! Ya no me espanto de las pestilenciales dolencias que con
tanta freqencia afligen  Persepolis; capaz es de envenenar todo el
globo terraqeo la podredumbre de tantos muertos y de tantos vivos
apeuscados en un mismo sitio. Ha, qu sucio pueblo es Persepolis!
Sin duda que la quieren destruir los ngeles, para edificar otra
Ciudad mas hermosa, y poblarla de gentes mas aseadas, y que mejor
canten: la Providencia sabe lo que se hace; no nos metamos en quitarle
su idea.

Acercbase ya el sol  la mitad de su carrera, y tenia Babuco que ir 
comer al otro extremo del pueblo,  casa de una dama para quien le
habia dado carta de recomendacion su marido que era oficial en el
exrcito. Anduvo por mil y mil calles de Persepolis; vi otros templos
mas bien adornados, adonde concurria gente mas culta, y donde se oa
una harmnica msica; repar en fuentes pblicas, que aunque
defectuosas hacian maravilloso efecto; vi frescas y amenas calles de
rboles, jardines donde se respiraban los mas exquisitos olores, y se
van reunidas plantas de los mas remotos pueblos. Maravillse al ver
magnficos puentes, puesto que estaban destinados  pasar un arroyuelo
que sin mojarse los pis se vadea las quatro quintas partes del ao;
pas por calles anchas y magnficas, llenas de palacios  una y otra
acera, y entr por fin en casa de la dama que con una sociedad de
personas decentes le esperaba  comer. Estaba su casa limpia y bien
adornada; la seora era moza, hermosa, discreta y corts, y la
sociedad amable; y decia Babuco entre s: Sin duda que habia perdido
el juicio el ngel Ituriel, quando queria destruir una ciudad tan
cumplida. Mas advirti muy breve que la seora, que al principio le
habia pedido amorosamente nuevas de su marido, al fin de la comida
hablaba mas amorosamente  un mago mozo. Luego vi que un magistrado
delante de su propia muger hacia mil halagos  una viuda, la qual
estrechaba con una mano el cuello del magistrado, y daba la otra  un
mozo muy lindo y modesto. La primera que se levant de la mesa fu la
muger del magistrado, que se encerr en un gabinete inmediato para
conferenciar con su director de almas, hombre eloqentsimo, que con
tal energa hubo de discurrir con ella, que volvi abochornado el
rostro, humedecidos los ojos, la voz trmula, y los pasos vacilantes.

Babuco entnces se empez  rezelar de que tenia razon el genio
Ituriel. Con el dote que tenia de grangearse la confianza, supo aquel
dia mismo los secretos de la dama, la qual le fi su cario al mago
mozo, asegurndole que en todas las casas de Persepolis encontraria lo
mismo que en la suya habia visto. Infiri Babuco que no podia durar
semejante sociedad; que todas las casas habian de estar asoladas por
zelos, venganzas y rencillas; que sin cesar habian de verterse
lgrimas y sangre; que infaliblemente habian de matar los maridos 
los cortejos de sus mugeres,  de ser muertos por ellos; finalmente
que hacia Ituriel muy bien en destruir de una vez un pueblo abandonado
 horrendos desrdenes.

Fuse despues de comer  uno de los mas soberbios templos de la
ciudad, y se sent en medio de una muchedumbre de hombres y mugeres
que habian ido all  matar el tiempo. Subi un mago  una mquina
alta, y discurri largo tiempo acerca del vicio y la virtud; y
habiendo dividido en varias partes lo que no era menester dividir,
prob metdicamente las cosas mas claras, ense lo que sabia todo el
mundo, se exalt sin motivo, y sali sudando y sin respiracion.
Despertse entonces la gente, y crey que habia asistido  una
instruccion. Babuco dixo: Este buen hombre ha hecho quanto ha podido
por fastidiar  doscientos  trescientos conciudadanos suyos; pero su
intencion era buena, y esto no es motivo para destruir  Persepolis.

Llevronle, al salir de esta asamblea,  que viera una fiesta pblica
que se celebraba todos los dias del ao en una especie de baslica, en
cuya parte interior se va un palacio. Formaban tan hermoso
espectculo las ciudadanas mas hermosas de Persepolis, y los
principales strapas colocados en rden, que al principio crey Babuco
que se reducia  esto la fiesta. En breve se dexron ver en el
vestbulo de este palacio dos  tres personas que parecian reyes y
reynas; su idioma era muy distinto del que estilaba el vulgo, y tenia
ritmo, harmona y sublimidad. No se dormia nadie, que todos en alto
silencio escuchaban, y si le interrumpian, era para dar pruebas de
admiracion y ternura general; y con tan vivos y bien sentidos trminos
se hablaba de las obligaciones de los reyes, del amor de la virtud, y
de los riesgos de las pasiones, que arrancron lgrimas  Babuco: el
qual no dud que fuesen los predicadores del imperio aquellos hroes y
heroinas y aquellos reyes y reynas que acababa de oir, y hasta hizo
propsito de persuadir  Ituriel que los viniese  escuchar, cierto de
que semejante espectculo le reconciliaria con Persepolis para
siempre.

Concluida la fiesta, quiso visitar  la reyna principal que en aquel
hermoso palacio habia anunciado tan sublime y acendrada moral. Hizo
que le introduxeran en casa de su magestad; y le llevron por una mala
escalerilla  un segundo piso, donde hall en un aposento pobremente
alhajado una muger mal vestida, que con noble y pattico ademan le
dixo: Mi oficio no me da para vivir; uno de los prncipes que habeis
visto me ha hecho un hijo: estoy para parir: no tengo dinero, y sin
dinero todo parto es un mal parto. Babuco le di cien daricos de oro,
diciendo: Si no hubiera cosas peores en la ciudad, poco motivo tuviera
Ituriel para estar tan enojado.

Fu de all  pasar la tarde  las tiendas de mercaderes de
magnificencias superfluas. Llevle un sugeto inteligente que se habia
hecho amigo suyo, compr lo que hall de su gusto, y con muchas
cortesas se lo vendiron mucho mas caro de lo que valia. Quando hubo
vuelto  casa, le hizo ver su amigo que le habian estafado; y apunt
Babuco en su libro de memoria el nombre del mercader, para que el dia
del castigo de la ciudad no le echara Ituriel en olvido. Estando
escribiendo, llamron  la puerta, y entr el mercader que le traa 
Babuco su bolsillo que se habia dexado olvidado encima del mostrador.
Cmo es posible, dixo Babuco, que seais tan generoso y escrupuloso,
despues de haber tenido cara para venderme vuestras buxeras quatro
tanto mas de lo que valen? No hay en toda la ciudad, le respondi el
mercader, negociante ninguno algo conocido, que no hubiese venido 
traeros el bolsillo; mas quando os han dicho que os he vendido lo que
en mi tienda habeis comprado el quadruplo de su valor, os han
engaado, porque os lo he vendido diez veces mas de lo que ello vale;
y esto es tan cierto, que si dentro de un mes os quereis deshacer de
ello, no os darn ni el diezmo: y no hay empero cosa mas conforme 
razon, porque siendo el antojo de los hombres lo que da valor  estas
frusleras, ese mismo antojo da de comer  cien obreros que empleo yo,
y  m me da una casa bien puesta, un buen coche, y buenos caballos.
Este antojo es quien vivifica la industria, y mantiene el fino gusto,
la circulacion y la abundancia. A las naciones comarcanas les vendo
mucho mas caras que  vos esas mismas frioleras, y de este modo sirvo
con provecho al imperio. Parse Babuco pensativo un, rato, y le borr
luego de su libro.

No sabiendo que pensar de Persepolis, se determin  visitar  los
magos y  los literatos, lisonjendose de que alcanzarian estos el
perdon de todo lo restante del pueblo, porque unos se aplican  la
sabidura, y  la religion los otros. La maana siguiente fu 
visitar un colegio de magos, y le confes el archimandrita que tenia
trescientos mil escudos de renta por haber hecho voto de pobreza, y
que exercia una vasta jurisdiccion en virtud de otro voto de humildad.
Dicho esto, dex  Babuco en manos de un aprendiz de mago, para que le
obsequiase.

Ensebale este las preciosidades de esta casa de penitencia, quando
se esparci la voz de que traa comision de hacer reformas. Al punto
le diron memoriales de cada una, que todos en sustancia venian 
decir: _Conservadnos  nosotros, y suprimid todos los demas_. Si daba
crdito  sus propias apologas, todas estas congregaciones eran
necesarias; si atendia  sus recprocas acusaciones, todas merecian
ser destruidas. Pasmbase Babuco de que no hubiese ninguna que, por
edificar al universo, no quisiese ser rbitro de l. Presentsele
entnces un hombrecillo que era semi-mago, el qual le dixo: La grande
obra se va  cumplir, y Zerdust ha vuelto  la tierra; por tanto os
rogamos que nos ampareis contra el Gran Lama. Con que contra el
pontfice monarca, respondi Babuco, que reside en el Tibet?--Contra
ese mismo.--Pues qu? le hacis guerra, y alistais contra l un
exrcito?--No es eso; pero dice que el hombre es libre, y nosotros no
lo creemos: escribimos contra l libracos que no lee; y apnas si nos
ha oido mentar, puesto que nos acaba de condenar, como un propietario
que manda extirpar las orugas de su huerto. Asombrse Babuco de la
locura de hombres que profesan la sabidura, de las maraas de los que
habian renunciado del mundo, de la ambicion y altiva codicia de los
que predicaban humildad y desinteres; y coligi que sobraban razones
valederas  Ituriel para destruir toda esta raza.

Retirse  su casa, mand que le compraran libros nuevos para calmar
su enfado, y convid  comer  varios literatos para su recreo.
Llegron mas del doble de los que habia llamado, como acuden las
avispas  la miel. No se daban vado estos gorreros  hablar y 
engullir, y elogiaban dos clases de hombres, los muertos y ellos
propios, mas nunca  sus coetneos, exceptuando el amo de casa. Si
decia uno un dicho agudo, baxaban los demas los ojos, y se mordian la
lengua de sentimiento de no ser ellos los autores. Eran mnos
cautelosos que los magos porque no aspiraba su ambicion  tan altos
objetos, solicitando cada uno un empleo de sirviente y la reputacion
de grande hombre. Decanse en su cara denuestos, que se les figuraban
agudos epigramas. Habaseles traslucido algo de la comision de Babuco,
y uno de ellos en voz baxa le suplic que exterminase  un autor que
no le habia dado suficientes elogios; otro lo pidi la prdida de un
ciudadano que en sus comedias nunca se rea; y otro la extincion de la
academia, porque jamas habia podido conseguir ser su individuo.
Acabada la comida, se fueron solos todos, porque en toda esta caterva
no habia dos que se pudieran sufrir, ni se hablaban mas que en las
casas de los ricos que  su mesa los convidaban. Crey Babuco que
poqusimo se perdia con que pereciese toda esta landre en la general
destruccion.

Apnas se zaf de ellos, se puso  leer algunos de los libros que
acababan de publicarse, y advirti en ellos el carcter de sus
convidados. Indignronle mas que todo las gacetillas de calumnias, y
los archivos de mal gusto dictados por la envidia, la hambre y la
torpeza; viles stiras que respetan los buytres y despedazan las
palomas; novelas faltas de imaginacion, donde se ven mil retratos
ideales de sugetos que sus autores no conocen. Tir al fuego todos
estos detestables escritos, y sali aquella tarde de casa, para ir al
paseo. Presentronle  un literato anciano que no habia venido 
aumentar el nmero de sus pegotes. Esquivaba este la muchedumbre,
conocia  los hombres, sabia servirse de ellos, y se explicaba con
cordura. Hablle Babuco con mucho sentimiento de quanto habia visto y
leido. Cosas muy despreciables habeis leido, le dixo el cuerdo
letrado; pero en todos tiempos y en todo pais es muy comun lo malo, y
rarsimo lo bueno. Habeis dado acogida en vuestra mesa  las heces de
la pedantera, porque en toda profesion lo que siempre se presenta con
mas descaro es lo que mnos merece salir  la plaza. Viven unos con
otros, sosegados y en el retiro, los verdaderos sabios, y aun no nos
faltan libros y autores que son acreedores  vuestra atencion.
Mintras que estaba hablando, lleg otro literato, y furon sus
razonamientos tan instructivos y agradables, tan superiores  las
preocupaciones, y tan conformes con la virtud, que confes Babuco que
nunca habia oido semejante cosa. Hombres son estos, decia para s, 
quien no se atrever el ngel Ituriel  hacer mal,  mnos que sea muy
despiadado.

No conservaba mnos enojo contra lo demas de la nacion, puesto que se
habia reconciliado con los literatos. Sois un extrangero, le dixo el
hombre juicioso que le hablaba, y se os presentan de tropel los
abusos, mintras que se os esconde el bien oculto, y que no pocas
veces de estos mismos abusos resulta. Supo entnces que habia entre
los literatos muchos que no eran envidiosos, y hasta entre los magos
algunos que eran virtuosos. Al fin entendi que estos grandes cuerpos,
que con sus choques preparaban al parecer su ruina comn, eran en la
realidad fundaciones provechosas; que cada asociacion de magos era un
freno para sus mulas; que si  veces estas diferian de opinion, todas
enseaban una moral misma; que instruan el pueblo, y sujetas  las
leyes: semejantes  los preceptores que zelan los hijos de casa,
mintras que  ellos los zela el amo. Trat  muchos, y encontr entre
ellos almas celestiales; y supo que entre aquellos mismos locos que
querian poner guerra al Gran Lama, habia varones eminentes. Sospech
al cabo que podian ser lo mismo las costumbres de Persepolis que sus
edificios, que unos le habian parecido dignos de lstima, y otros le
habian sobrecogido en admiracion.

Dixo un dia al literato: Ahora conozco que los magos, que por tan
peligrosos habia tenido, pueden ser muy provechosos, especialmente
quando un prudente gobierno estorba que se grangeen sobrado influxo:
pero qu utilidades, pueden resultar de las colosales riquezas de los
asentistas y agentes del fisco? Aquel mismo dia vi que la opulencia
de estos, que tanto le habia repugnado, producia  veces mucho fruto,
porque habiendo necesitado dinero el soberano, hall en una hora por
su medio lo que por las vias ordinarias no hubiera en seis meses
encontrado; y se convenci de que estas pardas nubes, alimentadas con
el roco de la tierra, le restituan en lluvias lo que de ellas
recibian: aparte de que los hijos de estos hombres nuevos, por lo
comun mas bien educados que los de las mas antiguas familias, valian
mucho mas que estos; porque tener por padre un buen calculador no
quita que sea uno juez recto, valiente soldado,  hbil estadista.

Poco  poco perdonaba Babuco la codicia del asentista, que en la
realidad no es ni mas ni mnos codicioso que los demas, y que es
indispensable; disculpaba la locura de disipar su caudal por hacer la
guerra, que era orgen de tantas blicas proezas; y perdonaba los
zelos de los literatos, entre quienes se hallaban sugetos que
ilustraban el mundo: se reconciliaba con los magos ambiciosos y
tramoyistas, que con pequeos vicios juntaban grandes virtudes; puesto
que le quedaban no pocos escrpulos, especialmente sobre los galanteos
de las damas, y las horrendas conseqencias que infaliblemente habian
de producir, y que le llenaban de horror y sustos.

Queriendo exminar todos los estados, hizo que le llevaran  casa de
un ministro, y en el camino iba temblando de ver alguna muger
asesinada por su marido en presencia suya. Lleg  la antesala del
hombre de estado, y estuvo dos horas aguardando  que dixeran que
estaba all, y otras dos despues que lo hubiron dicho, haciendo en
este tiempo firmsimo propsito de recomendar al ministro y sus
insolentes concierges al enojo del ngel Ituriel. Estaba la antesala
atestada de damas de todas clases, de magos de todos colores, de
jueces, mercaderes, oficiales y pedantes, que todos estaban quejosos
del ministro. Decian el avariento y el logrero: No hay duda de que
roba este hombre las provincias; afeaba sus rarezas el extravagante;
decia el sensual que solo con sus gustos tenia cuenta; y esperaban las
mugeres que en breve le sustituiria otro ministro mas mozo.

Oa Babuco todas estas razones, y no pudo mnos de decir: Qu hombre
tan dichoso es este! Todos sus enemigos los tiene en su antesala; su
potencia abruma  sus envidiosos, y mira  sus plantas  quantos le
detestan. Al fin entr en su gabinete, y vi  un viejecito agobiado
de aos y quehaceres, pero vivo todavia, y muy inteligente. Gustle
Babuco, y  Babuco le pareci un sugeto muy digno de estimacion. Fue
muy interesante la conferencia: el ministro le confes que era el
hombre mas desgraciado; que le tenian por rico, y era pobre; que le
crean omnipotente, y para todo encontraba impedimentos; que todos sus
beneficios habian sido pagados con ingratitudes, y que en quarenta
aos de continuas faenas habia tenido apnas un rato de satisfaccion.
Enternecise Babuco, y dixo entre s que si habia cometido algunos
yerros este hombre, y por ellos le queria castigar el ngel Ituriel,
bastaba con dexarle su cargo, sin exterminarle.

Estaba razonando con el ministro, quando entr desatentada la hermosa
dama en cuya casa habia comido Babuco, manifestando su rostro y sus
ojos los sntomas del dolor y el enojo. Prorumpi en amargas quejas
contra el hombre de estado; verti lgrimas; se lament amargamente de
que hubieran negado  su marido un cargo  que podia aspirar por su
cuna, y de que le hacian acreedor sus heridas y servicios; y habl con
tanta energa, se quej con tal gracia, desvaneci con tal maa los
reparos, con tal eloqencia esforz sus razones, que no sali del
gabinete hasta haber conseguido la fortuna de su marido.

Sali Babuco dndole la mano, y le dixo: Es posible, seora, que os
hayais tomado tanto trabajo por un hombre que no quereis, y que tanto
teneis por que temer? Cmo es eso que no le quiero? replic la dama:
sabed que mi marido es el mejor amigo que tengo en este mundo, y que
sacrificar por l todo quanto tengo, como no sea mi amante; lo mismo
que hiciera l, mnos sacrificar  su querida. Quiero que la
conozcais, que es una muy linda seora, muy discreta, y de excelente
genio; esta noche cenamos juntos con mi marido y mi amiguito el mago:
venid  participar nuestro gusto.

Llevse la dama consigo  Babuco, y el marido que estaba sumido en el
mas hondo dolor recibi  su muger con raptos de gratitud y alborozo,
dando mil abrazos  su muger,  su dama, al mago, y  Babuco. El
banquete le animron el contento, las gracias y los donayres. Sabed,
le dixo la hermosa dama con quien cenaba, que las que  veces
califican de mugeres sin honra casi siempre poseen las virtudes de un
hombre honrado; y en prueba de ello, venid maana  comer conmigo en
casa de la hermosa Teone. Algunas vestales viejas murmuran de ella,
pero mas obras de beneficencia hace ella sola que todas juntas las que
la muerden; no cometiera la mas leve injusticia por todos los
intereses del mundo;  su amante le da siempre consejos generosos;
solo su gloria la ocupa, y se sonrojaria l si en su presencia
malograra una sola ocasion de obrar bien; porque no hay mayor estmulo
para virtuosas acciones, que tener por juez y testigo de su conducta
una amada cuyo aprecio anhela uno  merecer.

No falt Babuco  la cita, y vi una casa que era el emporio de los
placeres. En ellos reynaba Teone; con cada uno hablaba el idioma que
entendia: su natural entendimiento dexaba explayarse el de los demas;
agradaba casi sin querer; tan amable era como benfica; y para dar mas
lustre  todas sus dotes, era muy hermosa.

Conoci Babuco, puesto que era Escita y enviado por un genio, que si
se detenia mas tiempo en Persepolis, le haria Teone olvidarse de
Ituriel. Cogia cario  la ciudad cuyos vecinos eran afables, corteses
y benficos, aunque murmuradores, insustanciales y vanidosos. Temia ya
que fuese condenada Persepolis, y hasta temia la cuenta que  dar iba.
As para darla hizo lo siguiente: mand al mejor estatuario del
pueblo, que le fundiera una estatua pequea, compuesta de todos
metales, y de las tierras y piedras mas preciosas y mas viles; y se la
llev  Ituriel. Haris pedazos, le dixo, esta linda estatua, porque
no es toda ella de oro y diamantes? Comprendi Ituriel el emblema, y
se determin  no tratar ni siquiera de enmendar  Persepolis, y dexar
que anduviera el mundo como anda, diciendo: _Si no todo es bueno,  lo
mnos todo es tolerable_. Subsisti pues Persepolis; y Babuco estuvo
muy distante de quejarse, como hizo Jonas que se enfad porque no fu
destruida Ninive. Verdad es que quien ha pasado tres dias en el
vientre de una ballena, no gasta tan buen humor como el que ha estado
en la pera, en la comedia, y ha cenado con gente de fino trato.

_Fin de la vision de Babuco_.

       *       *       *       *       *




MEMNON,

 LA CORDURA HUMANA.

Pussele en la cabeza  Memnon un dia la desatinada idea de ser
completamente cuerdo: que pocos hombres hay  quien no haya pasado por
la cabeza semejante locura. Memnon discurria as: Para ser muy cuerdo,
y  conseqencia muy feliz, basta con no dexarse arrastrar de las
pasiones: cosa muy fcil, como nadie ignora. Lo primero, nunca he de
querer  muger ninguna, y en viendo una beldad acabada dir en mi
interior: Un dia se ha de arrugar ese semblante; ese turgente y
redondo pecho se ha de tornar fofo y lacio; esa tan bien poblada
cabeza ha de quedarse calva: y me basta con mirarla desde ahora como
la he de ver entnces, para que esa linda cabeza no me haga perder la
mia.

Lo segundo, siempre ser sobrio, por mas que me tiente la golosina,
los exquisitos vinos, y el incentivo de la sociedad. Me figurar las
resultas de la glotonera, la cabeza cargada, el estmago
descompuesto, perdida la razon, la salud y el tiempo; y as solo
comer lo que necesite, disfrutar sana salud, y tendr siempre claras
y luminosas las ideas. Cosa es esta tan fcil, que no es meritorio
salirse con ella.

Luego, continuaba Memnon, es necesario no descuidar su caudal: mis
deseos son moderados; tengo mi dinero que me produce buenos rditos y
con buenas fianzas en poder del tesorero general de Ninive, y me basta
para vivir sin depender de nadie, que es la mayor fortuna, porque
nunca me ver en la cruel precision de ir  besar manos de palaciegos;
 nadie tendr envidia, y de nadie ser envidiado: cosa no mnos
fcil. Amigos tengo, dixo en fin, y los conservar, porque nunca les
har mal tercio; no se enfadarn jamas conmigo, ni yo con ellos:
tampoco en esto se ofrece dificultad.

Formado as su planecico de moderacion dando paseos por su quarto, se
asom Memnon  la ventana, y vi dos seoras que iban por unas calles
de pltanos, que inmediatas  su casa habia. Era vieja la una, y no la
aquejaba al parecer nada; la otra era moza, linda, y tenia trazas de
estar muy apesadumbrada: suspiraba, y lloraba, y eso mismo le daba mas
gracia. Movise mucho nuestro sabio, no con la beldad de la dama
(porque estaba seguro de no rendirse  tal flaqueza), mas s por el
desconsuelo en que la va. Bax, y se acerc  la Ninivita jven, con
nimo de darle prudentes consuelos. Contle esta hermosa con la mas
ingenua y tierna expresion los perjuicios que le hacia un tio que no
tenia, con que artificio la habia privado de un caudal que nunca habia
poseido, y los temores que le causaban sus arrebatos. Vos me pareceis
hombre discreto, le dixo, y si me hicirais el favor de venir hasta mi
casa, y exminar mis asuntos, estoy cierta de que me sacarais del
cruel apuro en que me veo. No tuvo reparo Memnon en acompaarla, para
examinar con madurez sus asuntos, y darle buenos consejos.

Llevle la afligida seora  un retrete bien aromado, y le oblig con
mucha cortesa  sentarse en un muelle sof, donde estaban las piernas
cruzadas uno enfrente de otro. Hablaba la dama con los ojos baxos; de
quando en quando se le iban las lgrimas, y quando los levantaba,
siempre topaba con las miradas del cuerdo Memnon. Eran sus razones
cariosas en demasa, y mucho mas quando mbos se miraban. Memnon
tomaba muy  pechos sus asuntos, y  cada instante crecia en l el
anhelo de servir  tan hermosa y desdichada persona. Con el calor de
la conversacion dexron poco  poco de encontrarse uno enfrente de
otro, y de tener cruzadas las piernas, aconsejndola Memnon tan de
cerca, y siendo tan cariosos sus consejos, que ni uno ni otro podian
hablar de asuntos, ni sabian donde estaban.

Estando en esto, llega, como ya el lector se ha podido imaginar, el
to, el qual venia armado de punta en blanco; y lo primero que dixo
fu que iba  matar, como era justo, al sabio Memnon y  su sobrina; y
lo ltimo, que podria perdonarlos, si le daban mucho dinero. Vise
precisado Memnon  darle quanto tenia, y gracias  que en aquellos
venturosos tiempos no habia peores resultas que temer; que aun no
estaba descubierta la Amrica, ni eran las hermosas damas afligidas
tan peligrosas como ahora.

Confuso y desesperado Memnon se volvi  su casa, donde encontr una
esquela convidndole  comer con unos amigos ntimos. Si me quedo solo
en casa, dixo, tendr preocupado el nimo con mi triste aventura, no
comer, y caer malo; mas vale hacer una frugal comida con mis amigos
ntimos, y con su amena compaa olvidarme del disparate que esta
maana he cometido. Fuse al convite; y viendo que estaba algo triste,
le obligron  que bebiese para disipar su melancola. El vino usado
con moderacion es medicina para el nimo y para el cuerpo: as pensaba
el sabio Memnon, y se emborrach. Propnenle jugar una mano de
sobremesa: un juego, donde se atraviesa poco, es una inocente
diversion. Juega, y le ganan quanto traa en el bolsillo, y quatro
veces mas sobre su palabra. Orignase una contienda sobre el juego,
irrtanse los nimos, le tira uno de sus ntimos amigos  la cabeza un
cubilete que le saca un ojo, y traen  casa al sabio Memnon borracho,
sin dinero, y con un ojo mnos.

Habiendo dormido un poco el lobo, envia  su criado  casa del
tesorero general de rentas de Ninive,  que le diera dinero para pagar
 sus ntimos amigos; y le trae el criado la nueva de que aquella
maana habia hecho una quiebra de mala f su deudor, con la qual
dexaba por puertas  cien familias. Despechado Memnon se va  palacio
con un parche en el ojo y un memorial en la mano, pidiendo justicia al
rey del fallido; y encuentra en una sala  muchas damas, todas como
peonzas al reves, con elegantes tontillos de veinte pis de
circunferencia, y batas de treinta de cola. Una que le conocia algo,
dixo mirndole al soslayo: Jesus, qu horror! Y otra que le conocia
mas: Buenas tardes, seor Memnon; de veras, seor Memnon que me alegro
mucho de veros: cmo es que estais tuerto, seor Memnon? y dicho
esto, se fu sin aguardar respuesta. Agazapse Memnon en un rincon,
esperando  poderse echar  los pies del monarca. Lleg su magestad,
bes Memnon tres veces el suelo, y le di su memorial, que tom el
soberano con mucha afabilidad, y se le alarg  uno de sus strapas,
para que le diera cuenta. Llama el strapa  Memnon aparte, y le dice
con tono de mofa y ademan de insulto: Donoso tuerto sois, pues os
atreveis  dar al rey un memorial que no ha pasado por mi mano, y
cometeis con eso el atentado de pedir justicia de un fallido muy
honrado, que est baxo mi amparo, y es sobrino de una doncella de
servicio de mi querida. No deis mas paso en el asunto, si no quereis
perder el ojo sano que os queda.

De esta suerte, habiendo Memnon renunciado por la maana de mozas, de
comilonas, de juego, de contiendas, y sobretodo de palacio, ntes de
anochecer habia sido engaado y estafado por una herniosa dama, se
habia emborrachado, habia jugado, le habian sacado un ojo, y habia ido
 palacio donde se habian reido de l.

Confuso, absorto, y rendido al peso de su sentimiento, se volvia medio
muerto  su casa, y al ir  entrar, la encontr llena de alguaciles y
escribanos que cargaban con los muebles  nombre de sus acreedores.
Parse casi sin sentido debaxo de un pltano, y se encuentra con la
linda dama de aquella maana, que se andaba paseando con su amado tio,
y que no se pudo tener de risa al ver  Memnon con su parche. Cerr la
noche, y se acost Memnon sobre un monton de paja, cerca de las
paredes de su casa: entrle calentura, se aletarg con la fuerza de
ella, y se le apareci en sueos un espritu celestial; el qual era
resplandeciente como el Sol, y tenia seis hermosas alas, pero sin
pis, ni cabeza, ni cola, y no se parecia  cosa ninguna. Quin eres?
le dixo Memnon. Tu genio bueno, le respondi. Pues vulveme, repuso
Memnon, mi ojo, mi salud, mi caudal, mi cordura; y de seguida le cont
de qu modo todo lo habia perdido aquel dia. Aventuras son esas,
replic el espritu, que nunca suceden en el mundo donde nosotros
vivimos. En qu mundo vivis? le dixo el hombre afligido. Mi patria,
respondi el genio, dista quinientos millones de leguas del Sol, y es
aquella estrellita junto  Sirio, que ests viendo desde aqu. Lindo
pais! dixo Memnon. Con que no teneis bribonas que engaan  los
hombres de bien, ni amigos ntimos que les estafan su dinero y les
sacan un ojo, ni deudores que quiebren, ni strapas que se rian de
vosotros quando os niegan justicia? No, le dixo el morador de la
estrella, nada de eso: no nos engaan las mugeres, porque no las hay;
no hacemos excesos de glotonera, porque no comemos; ni hay deudores
que quiebren, porque no tenemos plata ni oro; no nos pueden sacar los
ojos, porque no se parece nuestro cuerpo al vuestro; ni los strapas
cometen injusticias, porque todos somos iguales.

Dxole entnces Memnon: Seor ilustrsimo, sin mozas y sin comer, en
qu pasais el tiempo? En cuidar, dixo el genio, de los demas globos
que estan  nuestro cargo, y yo soy venido  consolarte. Ay! replic
Memnon, porqu no habis venido la noche pasada, y me hubirais
estorbado hacer tanto disparate? Porque estaba con Asan, tu hermano
mayor, le dixo el morador de los cielos, el qual es mas desventurado
que t, habiendo su magestad el clemente rey de las Indias, en cuyo
palacio tiene la honra de estar empleado, manddole sacar mbos ojos
por una leve falta, y tenindole en un calabozo, amarrado de pis y
manos. Pardios, exclam Memnon, que estamos medrados con tener un
genio bueno en nuestra familia, si de dos hermanos uno est ciego, y
otro tuerto, uno acostado sobre paja, y otro en una crcel. Tu suerte
se mudar, replic el animal de la estrella: verdad es que toda la
vida sers tuerto; pero, como no sea eso, vivirs bastante feliz, con
tal que nunca hagas el desatinado propsito de ser completamente
cuerdo. Con que eso es cosa que no es posible conseguir? replic
Memnon arrancando un sollozo. Como no es posible, respondi el otro,
ser completamente inteligente, completamente fuerte, completamente
poderoso,  completamente feliz. Nosotros mismos estamos muy distantes
de serlo; un globo hay  la verdad donde todo eso se encuentra; pero
todo va por grados en los cien mil millones de mundos sembrados en el
espacio. En el segundo hay mnos placer y mnos sabidura que en el
primero; en el tercero mnos que en el segundo; y as se sigue hasta
el postrero, donde todo el mundo es enteramente loco. Mucho me temo,
dixo Memnon, que nuestro globo sea justamente esa casa de orates del
universo, que vos decis. No tanto como eso, dixo el espritu, pero le
anda cerca; y es preciso que cada cosa ocupe su sitio sealado. En tal
caso, dixo Memnon, muy descaminados van ciertos poetas, y ciertos
filsofos, que dicen que _todo est bien_. Razon llevan, dixo el
filsofo del otro mundo, si contemplan la colocacion del universo
entero. Ha! replic el pobre Memnon, eso no lo creer mintras fuere
tuerto.

_Fin de Memnon_.

       *       *       *       *       *




LOS DOS CONSOLADOS.

Decia un dia el gran filsofo Citofilo  una dama desconsolada, y que
tenia sobrado motivo para estarlo: Seora, la reyna de Inglaterra,
hija del gran Henrique quarto, no fu mnos desgraciada que vos: la
echron de su reyno; se vi  pique de perecer en el ocano en un
naufragio, y presenci la muerte del rey su esposo en un patbulo.
Mucho lo siento, dixo la dama; y volvi  llorar sus desventuras
propias.

Acordaos, dixo Cilofilo, de Mara Estuardo, que estaba honradamente
prendada de un guapo msico que tenia excelente voz de sochantre. Su
marido mat al msico; y luego su buena amiga y pariente, la reyna
Isabel, que se decia doncella, le mand cortar la cabeza en un
cadahalso colgado de luto, despus de haberla tenido diez y ocho aos
presa. Cruel suceso! respondi la seora; y se entreg de nuevo  su
afliccion.

Bien habris oido mentar, sigui el consolador,  la hermosa Juana de
Npoles, que fu presa y ahorcada. Una idea confusa tengo de eso, dixo
la afligida.

Os contar, aadi el otro, la aventura sucedida en mi tiempo de una
soberana destronada despues de cenar, y que ha muerto en una isla
desierta. Toda esa historia la s, respondi la dama.

Pues os dir lo sucedido  otra gran princesa, mi discpula de
filosofa. Tenia su amante, como le tiene toda hermosa y gran
princesa: entr un dia su padre en su aposento, y cogi al amante con
el rostro encendido y los ojos que como dos carbunclos resplandecian,
y la princesa tambien con la cara muy encarnada. Disgust tanto al
padre el rostro del mancebo, que le sacudi la mas enorme bofetada que
hasta el dia se ha pegado en toda su provincia. Cogi el amante las
tenazas, y rompi la cabeza al padre de la dama, que estuvo mucho
tiempo  la muerte, y aun tiene la seal de la herida: la princesa
desatentada se tir por la ventana, y se estrope una pierna, de modo
que aun el dia de hoy se le conoce que coxea, aunque tiene hermoso
cuerpo. Su amante fu condenado  muerte, por haber roto la cabeza 
tan alto prncipe. Ya podeis pensar en qu estado estaria la princesa,
quando sacaban  ahorcar  su amante; yo la iba  ver con freqencia,
quando estaba ella en la crcel, y siempre me hablaba de sus
desdichas.

Pues porqu no quereis que me duela yo de las mias? le dixo la dama.
Porque no es acertado dolerse de sus desgracias, y porque habiendo
habido tantas principales seoras tan desventuradas, no parece bien
que os desespereis. Contemplad  Hecuba, contemplad  Niobe. Ha, dixo
la seora, si hubiera vivido yo en aquel tiempo,  en el de tantas
hermosas princesas, y para su consuelo les hubirais contado mis
desdichas, os habrian acaso escuchado?

Al dia siguiente perdi el filsofo  su hijo nico, y falt poco para
que se muriese de sentimiento. Mand la seora hacer una lista de
todos los monarcas que habian perdido  sus hijos, y se la llev al
filsofo, el qual la ley, la encontr muy puntual, y sigui llorando.
Al cabo de tres meses se volviron  ver, y se pasmron de hallarse
muy contentos. Levantron entnces una hermosa estatua al tiempo, con
este rtulo:

AL CONSOLADOR.

_Fin de los dos Consolados_.

        *       *       *       *       *




HISTORIA

DE LOS VIAGES

DE ESCARMENTADO,

ESCRITA POR L PROPIO.

En la ciudad de Canda vine yo al mundo el ao de 1600. Era su
gobernador mi padre, y me acuerdo que un poeta mnos que mediano,
aunque no fuese medianamente desaliado su estilo, llamado Azarria,
hizo unas malas coplas en elogio mio, en las quales me calificaba de
descendiente de Minos en lnea recta; mas habiendo luego quitado el
gobierno  mi padre, compuso otras en que me trataba de nieto de
Pasifae y su amante. Mal sugeto era de veras el tal Azarria, y el
bribon mas fastidioso que en toda la isla habia.

Quince aos tenia quando me envi mi padre  estudiar  Roma, y yo
llegu con la esperanza de aprender todas las verdades, porque hasta
entnces me habian enseado todo lo contrario de la verdad, segn es
uso en este mundo, desde la China hasta los Alpes. Monsior Profondo,
 quien iba recomendado, era sugeto raro, y uno de los mas terribles
sabios que en el mundo habia. Qusome instruir en las categoras de
Aristteles, y por poco me pone en la de sus gitones: de buena me
libr. V procesiones, exrcismos, y no pocos robos. Decian, aunque
contra toda verdad, que la siora Olimpia, dama muy prudente, vendia
ciertas cosas que no suelen venderse. De mi edad todo esto me parecia
muy gracioso. Ocurrile  una seora moza, y de muy suave condicion,
llamada la siora Fatelo, prendarse de m: obsequibanla el
reverendsimo padre Pualini, y el reverendsimo padre Aconiti,
religiosos de una congregacion que ya no exste, y los puso de acuerdo
 entrmbos dndome sus favores; pero me v  peligro de ser
envenenado y excomulgado. Dex  Roma muy satisfecho con la
arquitectura de San Pedro.

Viaj por Francia, donde reynaba  la sazon Luis el justo; y lo
primero que me preguntron fu si queria para mi almuerzo un trozo del
mariscal de Ancre, que habia asado la gente, y le vendian muy barato 
los que querian comprar su carne para regalarse.

Era este estado un continuo teatro de guerras civiles, unas veces por
una plaza en el consejo, y otras por dos pginas de controversias
teolgicas. Mas de sesenta aos hacia que estaban asolados estos
hermosos climas por este volcan que unas veces se amortiguaba, y otras
ardia con violencia; y eso eran las libertades de la iglesia galicana.
Ay! dixe, este pueblo es de natural apacible: quin le ha sacado as
de su ndole? Dice chufletas, y hace el degello de San Bartolom.
Venturoso tiempo aquel en que no haga mas que decir donayres!

Pas  Inglaterra, donde las mismas contiendas ocasionaban los mismos
horrores. Unos santos catlicos, en obsequio de la iglesia, habian
determinado volar con plvora el rey, la familia real, y todo el
parlamento, y librar la Inglaterra de tanto herege. Enseronme el
sitio donde habia hecho quemar  mas de quinientos de sus vasallos la
bienaventurada reyna Mara, hija de Henrique octavo; y me asegur un
clrigo hiberno que fu accion de mucho mrito para con Dios: lo
primero porque los quemados eran todos ingleses, y lo segundo porque
nunca tomaban agua bendita, ni crean en la cueva de San Patricio;
pasmndose de que aun no hubiesen canonizado  la reyna Mara, bien
que abrigaba la esperanza de que no se tardaria en ponerla en los
altares, as que tuviera un poco de lugar el cardenal nepote.

Fume  Holanda, donde esperaba encontrar mas sosiego en un pueblo mas
flemtico. Quando llegu  La Haya, estaban cortando la cabeza  un
anciano venerable, y era la cabeza calva del primer ministro
Barnevelt. Movido  compasion, pregunt qu delito era el suyo, y si
habia sido traydor al estado. Mucho peor que eso, me respondi un
predicante de capa negra; que es hombre que cree que puede uno
salvarse por sus buenas obras lo mismo que por la f: y bien veis que
si se acreditaran semejantes opiniones, no podria subsistir la
repblica; por eso es menester leyes severas para poner freno 
escndalos tan horrorosos. Dxome luego suspirando un poltico
profundo: Ha, seor! este buen tiempo no ha de durar siempre; este
pueblo se muestra tan zeloso por mero acaso: su verdadero carcter se
inclina al abominable dogma de la tolerancia, y un dia le abrazar;
cosa que me estremece. Yo empero, mintras no llegaba esta fatal poca
de indulgencia y moderacion, dex  toda priesa un pais donde ningun
contento templaba su severidad, y me embarqu para Espaa.

Estaba la corte en Sevilla, habian llegado los galeones, y en la mas
hermosa estacion del ao todo respiraba abundancia y alegra. Al cabo
de una calle de naranjos y limones, v un palenque inmenso rodeado de
gradas cubiertas de preciosos texidos. Baxo un soberbio dosel estaban
el rey, la reyna, los infantes y las infantas. Enfrente de la augusta
familia habia un trono todava mas alto. Dixe, volvindome  uno de
mis compaeros de viage: Como no est aquel trono reservado para Dios,
no s para quien pueda ser. Oy un grave Espaol estas imprudentes
palabras, y me saliron caras. Yo me figuraba que bamos  ver un
torneo  una corrida de toros, quando subi el Inquisidor general al
trono, y desde l bendixo al monarca y al pueblo.

Vino luego un exrcito de frayles en filas de dos en dos, blancos,
negros, pardos, calzados, descalzos, con barba, imberbes, con capilla
puntiaguda, y sin capilla; iba luego el verdugo; y detras, en medio de
alguaciles y duques, cerca de quarenta personas cubiertas con sacos
donde habia llamas y diablos pintados. Eran estos,  judos que se
habian empeado en no renegar de Moiss,  cristianos que se haban
casado con sus comadres,  no habian sido devotos de Nuestra Seora de
Atocha,  no habian querido dar dinero  los padres capuchinos.
Cantronse unas devotsimas oraciones, y luego furon quemados vivos,
 fuego lento, todos los reos; con lo qual qued muy edificada la
familia real.

Aquella noche, quando me iba  meter en la cama, entrron dos
familiares de la inquisicion, acompaados de una ronda bien armada;
dironme un carioso abrazo, y me llevron, sin hablarme palabra,  un
calabozo muy fresco, donde habia una esterilla para acostarse, y un
soberbio crucifixo. Aqu estuve seis semanas, pasadas las quales me
mand  pedir por favor el seor inquisidor que me viese con l.
Estrechme en sus brazos con paternal cario, y me dixo que sentia muy
de veras que estuviese tan mal alojado, pero que estaban ocupados
todos los quartos de aquella santa casa, y que esperaba otra vez darme
mejor habitacion. Preguntme luego con no mnos amor, si sabia porque
estaba all. Respond al varon santo, que sin duda por mis pecados.
Eso es, hijo mi: pero por qu pecados? habladme sin rezelo. Por mas
que me mataba, no atinaba, hasta que la caridad del piadoso inquisidor
me di alguna luz. Acordme al fin de mis imprudentes palabras, y no
fu condenado mas que  exercicios, la disciplina, y treinta mil
reales de multa. Llevronme  dar las gracias al inquisidor general,
sugeto muy afable, que me pregunt que tal me habia parecido su
fiesta. Rospondle que era deliciossima, y fui  dar priesa  mis
compaeros  que salisemos del pais, puesto que es tan ameno. Habian
estos tenido lugar para informarse de todas las grandes proezas
executadas por los Espaoles en obsequio de la religion, y leido las
memorias del clebre obispo de Chiapa, donde cuenta que degollron,
quemron  ahogron unos diez millones de idlatras Americanos por
convertirlos  nuestra santa f. Bien creo que pondera algo el obispo;
pero aunque se rebaxe la mitad de las vctimas, todava queda
acreditado un zelo portentoso.

Atormentbame sin cesar el ardor de viajar, y estaba resuelto 
concluir mi peregrinacion de Europa por la Turqua. Encaminme  esta,
con firme propsito de no decir otra vez mi parecer acerca de las
fiestas que viese. Estos Turcos, dixe  mis compaeros, son unos
paganos que no han recibido el santo bautismo, y sin duda han de ser
mas crueles que los santos inquisidores; callmonos pues, mintras
vivamos entre Moros.

Con este nimo iba; pero qued atnito al ver en Turqua muchos mas
templos cristianos que en la isla donde habia nacido, y hasta crecidas
congregaciones de frayles,  quienes dexaban en paz rezar  la virgen
Mara, y maldecir  Mahoma, unos en griego, otros en latin, y otros en
armenio. Qu honrada gente son los Turcos! exclam. Los cristianos
griegos y los latinos eran irreconciliables enemigos en
Constantinopla, y se perseguan estos esclavos unos  otros como
perros que se muerden en la calle, y que separan  palos sus amos.
Entnces el gran visir protegia  los Griegos: el patriarca griego me
acus de que habia cenado con el patriarca latino, y fui condenado por
el divn  cien palos en la planta de los pies, que rescat  precio
de quinientos zeques. Al otro dia ahorcron al gran visir; y al
tercero su sucesor, que no fue ahorcado hasta de all  un mes, me
conden  la misma multa por haber cenado con el patriarca griego: de
suerte que me v en la triste precision de no freqentar la iglesia
griega ni la latina. Por consolarme arrend una hermosa circasiana,
que era la mas cariosa persona  solas con un hombre, y la mas devota
en la mezquita. Una noche, entre los suaves gustos de amor, exclam
dndome un abrazo: _Alah, Ilah, Alh_, que son las palabras
sacramentales de los Turcos; yo pens que fuesen las del amor, y dixe
con mucho cario: _Alh, Ilah, Alh_. Ha, dixo la mora, loado sea Dios
misericordioso; ya sois Turco. Respondle que daba las gracias al
Seor que me habia dado fuerza para serlo, y cre que era muy dichoso.
Por la maana vino  circuncidarme el iman; y poniendo yo alguna
dificultad, me propuso el cad del barrio, hombre de buena
composicion, que me mandaria empalar. Por fin libr mi prepucio y mi
trasero por mil zeques, y me escap corriendo  Persia, resuelto  no
oir en Turqua misa griega ni latina, y  no decir nunca _Alh, Ilah,
Alh_ en los ratos de los gustos de amor.

As que llegu  Ispahan, me preguntron si era del partido del
carnero negro  del carnero blanco. Respond que lo mismo me daba uno
que otro, con tal que fuera tierno. Se ha de notar que todava estaba
dividida la Persia en dos facciones, la del carnero negro y la del
blanco. Creyron que hacia yo burla de mbos partidos, y me encontr
en un terrible compromiso  la puerta misma de la ciudad, del qual
sal pagando una buena cantidad de zeques, por no tener que ver con
carneros.

No par hasta la China, donde llegu con un intrprete que me dixo que
era el pais donde se podia vivir alegre y libre: los Trtaros que le
habian invadido todo lo ponian  sangre y fuego, mintras que los
reverendos padres jesuitas por una parte, y los reverendos padres
domnicos por otra, decian que ganaban almas para el cielo, sin que
nadie lo advirtiese. Nunca se han visto convertidores mas zelosos;
unos  otros se perseguan con el mas fervoroso ahinco, escribian 
Roma tomos enteros de calumnias, y se trataban de infieles y
prevaricadores por un alma. Habia entre ellos una horrorosa disputa
acerca del modo de hacer la cortesa; los jesuitas querian que los
Chinos saludaran  sus padres y madres  la moda de la China, y los
domnicos que fuera  la moda de Roma. Sucedime que los jesutas
creyron que yo era un domnico, y le dixron  Su Magestad Trtara
que era espa del Papa. Di comision el consejo supremo  un primer
mandarn para que me arrestara; el qual mand  un alguacil, que tenia
 sus rdenes quatro corchetes, que me prendiesen, y me atasen con
toda ceremonia. Conduxronme, despues de ciento y quarenta
genuflexones, ante Su Magestad, que me pregunt si era yo espa del
Papa, y si era cierto que hubiese de venir este prncipe en persona 
destronarle. Respondle que el Papa era un clrigo de mas de setenta
aos; que distaban sus estados mas de quatro mil leguas de los de su
Sacra Magestad Trtaro-China; que su exrcito era de dos mil soldados
que montaban la guardia con un para-aguas; que no destronaba  nadie,
y que podia Su Magestad dormir sin miedo. Esta fu la mnos fatal
aventura de mi vida, pues no hiciron mas que enviarme  Macao, donde
me embarqu para Europa.

Fu preciso calafatear el navo en la costa de Golconda, y me
aprovech de la oportunidad para ver la corte del gran Aurengzeb, de
quien se contaban entnces mil portentos. Estaba este monarca en Deli,
y goc el gusto imponderable de contemplarle facha  facha el dia de
la pomposa ceremonia en que recibi la celestial ddiva que le enviaba
el cherif de la Meca, y era la escoba con que se habia barrido la
santa casa, la _caaba_, la _belh-Alah_: escoba que es el smbolo que
alimpia todas las suciedades del alma. Parece que no la necesitaba
Aurengzeb, que era el varon mas religioso de todo el Indostan, puesto
que habia degollado  uno de sus hermanos, y dado veneno  su padre, y
habia hecho perecer en un patbulo  veinte rajaes y otros tantos
omraes; pero no queria decir eso nada, y no se hablaba de otra cosa
que de su devocion,  la qual la de ningun otro era comparable, como
no fuese la de la sacra magestad, del serensimo emperador de
Marruecos, Mulcy Ismael, el qual cortaba unas quantas cabezas todos
los viernes, despues de hacer oracion.

No articul yo palabra, que me habian escarmentado los viages, y sabia
que no era juez competente para fallar entre estos dos augustos
soberanos. Confieso empero que un francs mozo, con quien estaba
alojado, falt al respeto debido  los emperadores de Indias y de
Marruceos, diciendo con mucha imprudencia que en Europa habia
soberanos muy pos que gobernaban con acierto sus estados, y
freqentaban tambien las iglesias, sin quitar por eso la vida  sus
padres y hermanos, ni cortar la cabeza  sus vasallos. Nuestro
intrprete dio cuenta en lengua india de las expresiones impas de
este mozo. Instruido yo con lo que en otras ocasiones me habia
sucedido, mand ensillar mis camellos, y me fui con el francs. Luego
supe que aquella misma noche habian venido  prendernos los oficiales
del gran Aurengzeb; y no habiendo encontrado mas que al intrprete,
fue este ajusticiado en la plaza mayor, confesando sin lisonja todos
los palaciegos que era muy justa su muerte.

Quedbame por ver la Africa para disfrutar de todas las delicias de
nuestro hemisferio, y con efecto la v. Unos corsarios negros
apresaron mi embarcacion. Quejse amargamente mi patron, y les
pregunt por qu violaban las leyes de las naciones. Fule respondido
por el capitn negro: Vuestra nariz es larga, y la nuestra chata;
vuestro cabello es liso, y nuestra lana riza; vuestra cutis es de
color ceniciento, y la nuestra de color de bano; por consiguiente, en
virtud de las sacrosantas leyes de naturaleza, siempre debemos ser
enemigos. En las ferias de Guinea nos compris, como si furamos
acmilas, para forzarnos  que trabajemos en no s qu faenas tan
penosas como ridiculas;  vergajazos nos haceis horadar los montes
para sacar una especie de polvo amarillo que para nada es bueno, y que
no vale, ni con mucha, un cebollino de Egipto. As quando os
encontramos nosotros, y podemos mas, os obligamos  que labreis
nuestras tierras, y de lo contrario os cortamos las narices y las
orejas.

No habia rplica  tan discreto razonamiento. Fu  labrar el campo de
una negra vieja por conservar mis orejas y mi nariz, y al cabo de un
ao me rescatron. Habiendo visto todo quanto bueno, hermoso y
admirable hay en la tierra, me determin  no ver mas que mis dioses
penates: me cas en mi pais, fu cornudo, y v que era la mas grata
condicion de la vida humana.

_Fin de los viages de Escarmentado_.

       *       *      *       *       *




MICROMEGAS,

HISTORIA FILOSOFICA.

       *       *       *       *       *



CAPITULO PRIMERO.

_Viage de un morador del mundo de la estrella Sirio al planeta de
Saturno_.

Habia en uno de los planetas que giran en torno de la estrella llamada
Sirio, un mozo de mucho talento,  quien tuve la honra de conocer en
el postrer viage que hizo  nuestro mezquino hormiguero. Era su nombre
Micromegas, nombre que cae perfectamente  todo grande, y tenia ocho
leguas de alto; quiero decir veinte y quatro mil pasos geomtricos de
cinco pis de rey.

Algn algebrista, casta de gente muy til al pblico, tomar  este
paso de mi historia la pluma, y calcular que teniendo el Seor Don
Micromegas, morador del pais de Sirio, desde la planta de los pis al
colodrillo veinte y quatro mil pasos, que hacen ciento y veinte mil
pis de rey, y nosotros ciudadanos de la tierra no pasando por lo
comn de cinco pis, y teniendo nuestro globo nueve mil leguas de
circunferencia, es absolutamente indispensable que el planeta dnde
naci nuestro hroe tenga cabalmente veinte y un millones y
seiscientas mil veces mas circunferencia que nuestra tierra. Pues no
hay cosa mas comun ni mas natural; y los estados de ciertos
principillos de Alemania  de Italia, que pueden andarse en media
hora, comparados con la Turqua, la Rusia,  la Amrica espaola, son
una imgen, todava muy distante de la realidad, de las diferencias
que ha establecido la naturaleza entre los seres.

Es la estatura de Su Excelencia la que llevamos dicha, de donde
colegirn todos nuestros pintores y escultores, que su cuerpo podia
tener unos cincuenta mil pis de rey de circunferencia, porque es muy
bien proporcionado. Su entendimiento es de los mas perspicaces que se
puedan ver; sabe una multitud de cosas, y algunas ha inventado: apnas
rayaba con los doscientos y cincuenta aos, siendo estudiante en el
colegio de jesuitas de su planeta, como es all estilo comun, adivin
por la fuerza de su inteligencia mas de cincuenta proposiciones de
Euclides, que son diez y ocho mas que hizo Blas Pascal, el qual
habiendo adivinado, segun dice su hermana, treinta y dos jugando,
lleg  ser, andando los aos, harto mediano gemetra, y malsimo
metafsico. De edad de quatrocientos y cincuenta aos, que no hacia
mas que salir de la niez, disec unos insectos muy chicos que no
llegaban  cien pis de dimetro, y se escondan  los microscopios
ordinarios, y compuso acerca de ellos un libro muy curioso, pero que
le traxo no pocos disgustos. El muft de su pais, no mnos cosquilloso
que ignorante, encontr en su libro proposiciones sospechosas,
mal-sonantes, temerarias, herticas, _ que olian  herega_, y le
persigui de muerte: tratbase de saber si la forma substancial de las
pulgas de Sirio era de la misma naturaleza que la de los caracoles.
Defendise con mucha sal Micromegas; se declarron las mugeres en su
favor, puesto que al cabo de doscientos y veinte aos que habia durado
el pleyto, hizo el muft condenar el libro por calificadores que ni le
habian leido, ni sabian leer, y fue desterrado de la corte el autor
por tiempo de ochocientos aos.

No le afligi mucho el salir de una corte llena de enredos y chismes.
Compuso unas dcimas muy graciosas contra el muft, que  este no le
importron un bledo, y se dedic  viajar de planeta en planeta, para
acabar de perfeccionar su razon y su corazon, como dicen. Los que
estn acostumbrados  caminar en coche de colleras,  en silla de
posta, se pasmarn de los carruages de all arriba, porque nosotros,
en nuestra pelota de cieno, no entendemos de otros estilos que los
nuestros. Sabia completamente las leyes de la gravitacion y de las
fuerzas atractivas y repulsivas nuestro caminante, y se valia de ellas
con tanto acierto, que ora montado en un rayo del sol, ora cabalgando
en un cometa, andaban de globo en globo l y sus sirvientes, lo mismo
que revolotea un paxarillo de rama en rama. En poco tiempo hubo
corrido la va lctea; y siento tener que confesar que nunca pudo
columbrar, por entre las estrellas de que est sembrada, aquel
hermossimo cielo empreo, que con su anteojo de larga vista descubri
el ilustre Derham, teniente cura [Footnote: Sabio Ingls, autor de la
Teologa astronmica, y otras obras, en que se esfuerza  probar la
exstencia de Dios por la contemplacion de las maravillas de la
naturaleza.]. No digo yo por eso que no le haya visto muy bien el
Seor Derham; Dios me libre de cometer tamao yerro; mas al cabo
Micromegas se hallaba en el pas, y era buen observador: yo no quiero
contradecir  nadie.

Despues de muchos viages lleg un dia Micromegas al globo de Saturno;
y si bien estaba acostumbrado  ver cosas nuevas, todava le par
confuso la pequeez de aquel planeta y de sus moradores, y no pudo
mnos de soltar aquella sonrisa de superioridad que los mas cuerdos no
pueden contener  veces. Verdad es que no es Saturno mas grande que
novecientas veces la tierra, y los habitadores del pais son enanos de
unas dos mil varas, con corta diferencia, de estatura. Rise al
principio de ellos con sus criados, como hace un msico italiano de la
msica de Lulli, quando viene  Francia; mas era el Sirio hombre de
razon, y presto reconoci que podia muy bien un ser que piensa no
tener nada de ridculo, puesto que no pasara de seis mil pis su
estatura. Acostumbrse  los Saturninos, despues de haberlos pasmado,
y se hizo ntimo amigo del secretario de la academia de Saturno,
hombre de mucho talento, que  la verdad nada habia inventado, pero
que daba muy lindamente cuenta de las invenciones de los demas, y que
hacia regularmente coplas chicas y clculos grandes. Pondr aqu, para
satisfaccion de mis lectores, una conversacion muy extraa que con el
seor secretario tuvo un dia Micromegas.



CAPITULO II.

_Conversacion del morador de Sirio con el de Saturno_.

Acostse Su Excelencia, acercse  su rostro el secretario, y dixo
Micromegas: Confesemos que es muy varia la naturaleza. Verdad es, dixo
el Saturnino; es la naturaleza como un jardin, cuyas flores.... Ha,
dixo el otro, dexaos de jardineras. Pues es, sigui el secretario,
como una reunion de rubias y pelinegras, cuyos atavos..... Qu me
importan vuestras pelinegras? interrumpi el otro. O bien como una
galera de quadros, cuyas imgenes...... No, Seor, no, replic el
caminante, la naturaleza es como la naturaleza. A qu diablos andais
buscando esas comparaciones? Por recrearos, respondi el secretario.
Si no quiero yo que me recreen, lo que quiero es que me instruyan,
repuso el caminante. Decidme lo primero quantos sentidos tienen los
hombres de vuestro globo. Nada mas que setenta y dos, dixo el
acadmico, y todos los dias nos lamentamos de tanta escasez; que
nuestra imaginacion se dexa atras nuestras necesidades, y nos parece
que con nuestros setenta y dos sentidos, nuestro anulo, y nuestras
cinco lunas, no tenemos lo suficiente; y es cierto que no obstante
nuestra mucha curiosidad y las pasiones que de nuestros setenta y dos
sentidos son hijas, nos sobra tiempo para aburrirnos. Bien lo creo,
dixo Micromegas, porque en nuestro globo tenemos cerca de mil
sentidos, y todava nos quedan no s qu vagos deseos, no s qu
inquietud, que sin cesar nos avisa que somos chica cosa, y que hay
otros seres mucho mas perfectos. He hecho algunos viages, y he visto
otros mortales muy inferiores  nosotros, y otros que nos son muy
superiores; mas ningunos he visto que no tengan mas deseos que
verdaderas necesidades, y mas necesidades que satisfacciones. Acaso
llegar un dia  un pais donde nada haga falta, pero hasta ahora no he
podido saber del tal pais. Echronse entnces  formar conjeturas el
Saturnino y el Sirio; pero despues de muchos raciocinios no mnos
ingeniosos que inciertos, fu forzoso volver  sentar hechos. Quanto
tiempo vivs? dixo el Sirio. Ha, muy poco, replic el hombrecillo de
Saturno. Lo mismo sucede en nuestro pais, dixo el Sirio, siempre nos
estamos quejando de la cortedad de la vida. Menester es que sea esta
universal pension de la naturaleza. Ay! nuestra vida, dixo el
Saturnino, se cie  quinientas revoluciones solares (que vienen  ser
quince mil aos,  cerca de ellos, contando como nosotros). Ya veis
que eso casi es morirse as que uno nace: es nuestra exstencia un
punto, nuestra vida un momento, nuestro globo un tomo; y apnas
empieza uno  instruirse algo, quando le arrebata la muerte, ntes de
adquirir experiencia. Yo por m no me atrevo  formar proyecto
ninguno, y me encuentro como la gota de agua en el inmenso ocano; y
lo que mas sonroxo me causa en vuestra presencia, es contemplar quan
ridcula figura hago en este mundo. Replicle Micromegas: Si no
furais filsofo, tendria, rezelo de desconsolaros, dicindoos que es
nuestra vida setecientas veces mas dilatada que la vuestra; pero bien
sabeis que quando se ha de restituir el cuerpo  los elementos, y
reanimar baxo distinta forma la naturaleza, que es lo que llaman
morir; quando es llegado, digo, este momento de metamorfsis, poco
importa haber vivido una eternidad  un dia solo, que uno y otro es lo
mismo. Yo he estado en paises donde viven las gentes mil veces mas que
en el mio, y he visto que todava se quejaban; pero en todas partes se
encuentran sugetos de razon, que saben resignarse, y dar gracias al
autor de la naturaleza, el qual con una especie de maravillosa
uniformidad ha esparcido en el universo las variedades con una
profusion infinita. As por exemplo, todos los seres que piensan son
diferentes, y todos se parecen en el don de pensar y desear. En todas
partes es la materia extensa, pero en cada globo tiene propiedades
distintas. Quantas de estas propiedades tiene vuestra materia? Si
hablais de las propiedades sin las quales creemos que no pudiera
subsistir nuestro globo como l es, dixo el Saturnino, no pasan de
trescientas, conviene  saber la extension, la impenetrabilidad, la
mobililad, la gravitacion, la divisibilidad, etc. Sin duda, replic el
caminante, que basta ese corto nmero para el plan del criador en
vuestra estrecha habitacion, y en todas cosas adoro su sabidura,
porque si en todas veo diferencias, tambien contemplo en todas
proporciones. Vuestro globo es chico, y tambien lo son sus moradores;
teneis pocas sensaciones, y goza vuestra materia de pocas propiedades:
todo eso es disposicion de la Providencia. De qu color es vuestro
sol bien exminado? Blanquecino muy ceniciento, dixo el Saturnino, y
quando dividimos uno de sus rayos, hallamos que tiene siete colores.
El nuestro tira  encarnado, dixo el Sirio, y tenemos treinta y nueve
colores primitivos. En todos quantos he exminado, no he hallado un
sol que se parezca  otro, como no se v en vuestro planeta una cara
que no se diferencie de todas las dems.

Despues de otras muchas qestiones anlogas, se inform de quantas
substancias distintas se conocian en Saturno, y le fu respondido que
habia hasta unas treinta: Dios, el espacio, la materia, los seres
extensos que sienten, los seres extensos que sienten y piensan, los
seres que piensan y no son extensos, los que se penetran, y los que no
se penetran, etc. El Sirio, en cuyo planeta hay trescientas, y que
habia en sus viages descubierto hasta tres mil, dex  extraordina-
riamente asombrado al filsofo de Saturno. Finalmente, habindose
comunicado uno  otro casi todo quanto sabian y muchas cosas que no
sabian, y habiendo discurrido por espacio de toda una revolucion
solar, se determinron  hacer juntos un corto viage filosfico.



CAPITULO III.

_Viage de los dos habitantes de Sirio y Saturno_

Ya estaban para embarcarse nuestros dos caminantes en la atmsfera de
Saturno con muy decente provision de instrumentos de matemticas,
quando la dama del Saturnino, que lo supo, le vino  dar amargas
quejas. Era esta una morenita muy agraciada, que no tenia mas que mil
y quinientas varas de estatura, pero que con sus gracias reparaba lo
chico de su cuerpo. Ha cruel! exclam, despues que te he resistido
mil y quinientos aos, quando apnas me habia rendido, no habiendo
pasado arriba de cien aos en tus brazos, me abandonas por irte 
viajar con un gigante del otro mundo! Anda, que no eres mas que un
curioso, y nunca has estado enamorado; que si fueras Saturnino
legtimo, mas constante serias. Adonde vas? qu quieres? mnos
errantes son que t nuestras cinco lunas, y mnos mudable nuestro
anulo. Esto se acab; nunca mas he de querer. Abrazla el filsofo,
llor con ella, puesto que filsofo; y la dama, despues de haberse
desmayado, se fu  consolar con un petimetre.

Partironse nuestros dos curiosos, y saltron primero al anulo que
encontrron muy aplastado, como lo ha adivinado un ilustre habitante
de nuestro glbulo; y desde all anduviron de luna en luna. Pas un
cometa por junto  la ltima, y se tirron  l con sus sirvientes y
sus instrumentos. Apnas hubiron andado ciento y cincuenta millones
de leguas, se topron con los satlites de Jpiter. Aperonse en este
planeta, donde se detuviron un ao, y aprendiron secretos muy
curiosos, que se habrian dado  la imprenta, si no hubiese sido por
los seores inquisidores que han encontrado proposiciones algo duras
de tragar; pero yo logr leer el manuscrito en la biblioteca del
Ilustrsimo Seor Arzobispo de ... que me permiti registrar sus
libros, con toda la generosidad y bondad que  tan ilustre prelado
caracterizan.

Volvamos empero  nuestros caminantes. Al salir de Jpiter,
atravesron un espacio de cerca de cien millones de leguas, y
costeron el planeta Marte, el qual, como todos saben, es cinco veces
mas pequeo que nuestro glbulo; y viron dos lunas que sirven  este
planeta, y no han podido descubrir nuestros astrnomos. Bien s que el
abate Ximenez escribir con mucho donayre contra la existencia de
dichas lunas, mas yo apelo  los que discurren por analoga; todos
excelentes filsofos que saben muy bien que no le seria posible 
Marte vivir sin dos lunas  lo mnos, estando tan distante del sol.
Sea como fuere,  nuestros caminantes les pareci cosa tan chica, que
se temiron no hallar posada cmoda, y pasron adelante como hacen dos
caminantes quando topan con una mala venta en despoblado, y siguen
hasta el pueblo inmediato. Pero luego se arrepintiron el Sirio y su
compaero, que anduviron un largo espacio sin hallar albergue. Al
cabo columbrron una lucecilla, que era la tierra, y que pareci muy
mezquina cosa  gentes que venian de Jpiter. No obstante, rezelando
arrepentirse otra vez, se determinron  desembarcar en ella. Pasron
 la cola del cometa, y hallando una aurora boreal  mano, se metiron
dentro, y aportron en tierra  la orilla septentrional del mar
Bltico,  cinco de Julio de mil setecientos treinta y siete.



CAPITULO IV.

_Que da cuenta de lo que les sucedi en el globo de la tierra_.

Habiendo descansado un poco, se almorzron dos montaas que les
guisron sus criados con mucho aseo. Quisiron luego reconocer el
mezquino pais donde se hallaban, y se dirigiron de Norte  Sur. Cada
paso ordinario del Sirio y su familia era de unos treinta mil pis de
rey: seguale de ljos el enano de Saturno, que perdia el aliento,
porque tenia que dar doce pasos mintras alargaba el otro la pierna,
casi como un perrillo faldero que sigue, si se me permite la
comparacion,  un capitn de guardias del rey de Prusia.

Como andaban de priesa estos extrangeros, diron la vuelta al globo en
treinta y seis horas: verdad es que el sol,  por mejor decir la
tierra, hace el mismo viage en un dia; pero hemos de reparar que es
cosa mas fcil girar sobre su exe que anclar  pi. Volviron al cabo
al sitio donde etaban primero, habiendo visto la balsa, casi
imperceptible para ellos, que llaman el Mediterrneo, y el otro
estanque chico que con nombre de grande Ocano rodea nuestra
madriguera; al enano le daba el agua  media pierna, y apnas si se
habia mojado el otro los talones. Furon y viniron arriba y abaxo,
haciendo quanto podian por averiguar si estaba  no habitado este
globo: baxronse, acostronse, tentron por todas partes; pero eran
tan desproporcionados sus ojos y manos con los mezquinos seres que
andan arrastrando ac baxo, que no tuviron la mas leve sensacion por
donde pudiesen caer en sospecha de que exstimos nosotros y nuestros
hermanos los demas moradores de este globo.

El enano, que  veces fallaba con alguna precipitacion, decidi luego
que no habia vivientes en la tierra, y su razon primera fu que no
habia visto ninguno. Micromegas le di  entender con mucha urbanidad,
que no era fundada la conseqencia; porque, le dixo, con vuestros ojos
tan chicos no veis ciertas estrellas de quinquagsima magnitud, que
distingo yo con mucha claridad. Colegis por eso que no haya tales
estrellas? Si lo he tentado todo, dixo el enano. Y si no habeis
sentido lo que hay? dixo el otro. Si est tan mal compaginado este
globo, replic el enano; si es tan irregular, y de una configuracion
que parece tan ridicula, que todo l se me figura un caos. No veis
esos arroyuelos, que ninguno corre derecho; esos estanques que ni son
redondos, ni quadrados, ni ovalados, ni de figura regular ninguna;
todos esos granillos puntiagudos de que est erizado, y se me han
entrado en los pis? (y queria hablar de las montaas). No notais la
forma de todo el globo, aplastado por los polos, y girando en torno
del sol con tan desconcertada direccion, que por necesidad los climas
de mbos polos han de estar incultos? Lo que me fuerza  creer de
veras que no hay vivientes en l, es que ninguno que tuviese razon
querria habitarle. Qu importa? dixo Micromegas, acaso no tienen
sentido comun los habitantes, pero al cabo no es de presumir que se
haya hecho esto sin algun fin. Decis que aqu todo os parece
irregular, porque est todo tirado  cordel en Jpiter y Saturno. Pues
por esa misma razon acaso hay aqu algo de confusion. No os he dicho
ya que siempre habia notado variedad en mis viages? Replic el
Saturnino  estas razones, y no se hubiera concluido la disputa, si en
el calor de ella no hubiese roto Micromegas el hilo de su collar de
diamantes, y cadose estos; que eran unos brillantes muy lindos,
aunque pequeitos y desiguales, que los mas gruesos pesaban
quatrocientas libras, y cincuenta los mas menudos. Cogi el enano
algunos, y arrimndoselos  los ojos vi que del modo que estaban
abrillantados, eran microscopios excelentes: cogi pues un microscopio
chico de ciento y sesenta pis de dimetro, y se le aplic  un ojo,
mintras que se servia Micromegas de otro de dos mil y quinientos
pis. Al principio no viron nada con ellos, puesto que eran
aventajados; fu preciso ponerse en la posicion que se requeria. Al
cabo vi el morador de Saturno una cosa imperceptible que se meneaba
entre dos aguas en el mar Bltico, y era una ballena: psola
bonitamente encima del dedo, y colocndola en la ua del pulgar, se la
ense al Sirio, que por la segunda vez se ech  reir de la enorme
pequeez de los moradores de nuestro globo. Convencido el Saturnino de
que estaba habitado nuestro mundo, se imagin luego que solo por
ballenas lo estaba; y como era gran discurridor, quiso adivinar de
donde venia el movimiento  un tomo tan ruin, y si tenia ideas,
voluntad y libre albedro. Micromegas no sabia que pensar; mas
habiendo exminado con mucha paciencia el animal, sac de su exmen
que no podia residir un alma en cuerpo tan chico. Inclinbanse pues
nuestros dos caminantes  creer que no hay razon en nuestra
habitacion, quando, con el auxlio del microscopio, distinguiron otro
bulto mas grueso que una ballena, que en el mar Bltico andaba
fluctuando. Ya sabemos que hcia aquella poca volvia del crculo
polar una bandada de filsofos, que habian ido  hacer observaciones
en que nadie hasta entnces habia pensado. Traxron los papeles
pblicos que habia zozobrado su embarcacion en las costas de Botnia, y
que les habia costado mucho trabajo el salir  salvamento; pero nunca
se sabe en este mundo lo que hay por debaxo de cuerda. Yo voy  contar
con ingenuidad el suceso, sin quitar ni aadir nada: esfuerzo que de
parte de un historiador es sobremanera meritorio.



CAPITULO V.

_Experiencias y raciocinios de mbos caminantes_.

Tendi Micromegas con mucho tiento la mano al sitio donde se va el
objeto, y alargando y encogiendo los dedos de miedo de equivocarse, y
abrindolos luego y cerrndolos, agarr con mucha maa el navo donde
iban estos seores, y se le puso sobre la ua, sin apretarle mucho,
por no estruxarle. Hete aqu un animal muy distinto del otro, dixo el
enano de Saturno; y el Sirio puso el pretenso animal en la palma de la
mano. Los pasageros y marineros de la tripulacion, que se crean
arrebatados por un huracn, y que pensaban haber barado en un baxo,
estan todos en movimiento; cogen los marineros toneles de vino, los
tiran  la mano de Micromegas, y ellos se tiran despues; agarran los
gemetras de sus quartos de crculo, sus sectores, y sus muchachas
laponas, y se apean en los dedos del Sirio: por fin tanto se afanron,
que sinti que se meneaba una cosa que le escarabajeaba en los dedos,
y era un garrote con un hierro  la punta que le clavaban hasta un pi
en el dedo ndice: esta picazon le hizo creer que habia salido algo
del cuerpo del animalejo que en la mano tenia; mas no pudo sospechar
al principio otra cosa, pues su microscopio, que apnas bastaba para
distinguir un navo de una ballena, no podia hacer visible un
entecillo tan imperceptible como un hombre. No quiero zaherir aqu la
vanidad de ninguno; pero ruego  la gente vanagloriosa que paren la
consideracion en este lugar, y contemplen que suponiendo la estatura
ordinaria de un hombre de cinco pis de rey, no hacemos mas bulto en
la tierra que el que en una bola de diez pis de circunferencia
hiciera un animal que tuviese un seiscientos mil avos de pulgada de
alto. Figurmonos una substancia que pudiera llevar el globo
terraqeo en la mano, y que tuviese rganos anlogos  los nuestros,
y es cosa muy factible que haya muchas de estas substancias; y
colijamos que es lo que de las funciones de guerra, en que hemos
ganado dos  tres lugarejos que luego ha sido fuerza restituir,
pensarian.

No me queda duda de que si algun capitn de granaderos leyere esta
obra, haga  su tropa que se ponga gorras dos pis mas altas; pero le
advierto que, por mas que haga, siempre sern l y sus soldados unos
infinitamente pequeos.

Qu maravillosa maa hubo de necesitar nuestro filsofo de Sirio para
atinar  columbrar los tomos de que acabo de hablar! Quando
Leuwenhoek y Hartsoeker viron,  creyron que vian, por la vez
primera, la simiente de que somos formados, no fu, ni con mucho, tan
asombroso su descubrimiento. Qu gusto el de Micromegas quando vi
estas maquinillas menearse, quando examin sus movimientos todos, y
sigui todas sus operaciones! Cmo clamaba! con qu jbilo alarg 
su compaero de viage uno de sus microscopios! Vindolos estoy, decian
mbos juntos; contemplad como se cargan, como se baxan y se alzan. As
decian, y les temblaban las manos de gozo de ver objetos tan nuevos, y
de temor de perderlos de vista. Pasando el Saturnino de un extremo de
confianza al opuesto de credulidad, se figur que los estaba viendo
ocupados en la propagacion. Ha, dixo el Saturnino, cogida tengo la
naturaleza "con las manos en la masa." Engabanle empero las
apariencias, y as sucede muy freqentemente, quando uno usa y quando
no usa microscopios.



CAPITULO VI.

_De lo que les aconteci con unos hombres_.

Muy mejor observador Micromegas que su enano, vi claramente que se
hablaban los tomos, y se lo hizo notar  su compaero, el qual con la
vergenza de haberse engaado acerca del artculo de la generacion, no
quiso creer que semejante especie de bichos se pudieran comunicar
ideas. Tenia el don de lenguas no mnos que el Sirio; y no oyendo
hablar  nuestros tomos, suponia que no hablaban: y luego cmo
habian de tener los rganos de la voz unos entes tan imperceptibles,
ni qu se habian de decir? Para hablar es indispensable pensar; y si
pensaban, tenian algo que equivalia al alma: y atribuir una cosa
equivalente al alma  especie tan ruin, se le hacia mucho disparate.
Dxole el Sirio: Pues no creais, poco hace, que se estaban
enamorando? pensais que enamora nadie sin pensar, y sin hablar
palabra,   lo mnos sin darse  entender?  suponeis que es cosa
mas fcil hacer un chiquillo que un silogismo? A m uno y otro me
parecen impenetrables misterios. No me atrevo ya, dixo el enano, 
creer ni  negar cosa ninguna; procuremos examinar estos insectos, y
discurrirmos luego. Que me place! respondi Micromegas; y sacando
unas tixeras, se cort las uas, y con lo que cort de la ua de su
dedo pulgar hizo al punto una especie de bocina grande, como un embudo
inmenso, y puso el caon al oido: la circunferencia del embudo cogia
el navo y toda su tripulacion, y la mas dbil voz se introducia en
las fibras circulares de la ua, de suerte que, merced de su
industria, el filsofo de all arriba oy perfectamente el zumbido de
nuestros insectos de ac abaxo, y en pocas horas logr distinguir las
palabras, y entender al cabo el francs. Lo mismo hizo el enano,
aunque no con tanta facilidad. Crecia por puntos el asombro de los dos
viageros, al oir unos aradores hablar con bastante razon, y les
parecia inexplicable este juego de la naturaleza. Bien se discurre que
se morian el enano y el Sirio de deseos de entablar conversacion con
los tomos; mas se temia el enano que su tenante voz, y mas aun la de
Micromegas, atronara  los aradores sin que la oyesen. Tratron, pues
de disminuir su fuerza, y para ello se pusiron en la boca unos
mondadientes muy menudos, cuya punta muy afilada iba  parar junto al
navo. Puso el Sirio al enano sobre sus rodillas, y encima de una ua
el navo con la tripulacion; bax la cabeza y habl muy quedo, y
despues de todas estas precauciones y otras muchas mas, dixo lo
siguiente: Invisibles insectos que la diestra del Criador se plugo en
producir en el abismo de los infinitamente pequeos, yo le bendigo
porque se dign manifestarme impenetrables secretos. Acaso nadie se
dignar de miraros en mi corte, pero yo  nadie desprecio, y os brindo
con mi proteccion.

Si ha habido asombros en el mundo, ninguno ha llegado al de los que
estas razones oyron decir, sin poder atinar de donde salian. Rez el
capellan las preces de conjuros, votron y renegron los marineros, y
fraguron un sistema los filsofos del navo; pero, por mas sistemas
que imaginron, no les fu posible atinar quien era el que les
hablaba. Entnces les cont en breves palabras el enano de Saturno,
que tenia mnos recia la voz que Micromegas, con que gente estaban
hablando, y su viage de Saturno: les inform de quien era el seor
Micromegas, y habindose compadecido de que fueran tan chicos, les
pregunt si habian vivido siempre en un estado tan rayano de la nada,
y qu era lo que hacian en un globo que al parecer era peculio de
ballenas; si eran dichosos, si tenian alma, si multiplicaban, y otras
mil preguntas de este jaez.

Enojado de que dudasen si tenia alma, un raciocinador de la banda, mas
osado que los demas, observ al interlocutor con unas pnulas
adaptadas  un quarto de crculo, midi dos tringulos, y al tercero
le dixo as: Con que creeis, seor caballero, que porque teneis dos
mil varas de pis  cabeza, sois algun?... Dos mil varas! exclam el
enano, pues no se equivoca ni en una pulgada. Con que me ha medido
este tomo! con que es gemetra, y sabe mi tamao; y yo que no le
puedo ver sin auxlio de un microscopio, no s aun el suyo! Si, que os
he medido, dixo el fsico, y tambien medir al gigante compaero
vuestro. Admitise la propuesta, y se acost Su Excelencia por el
suelo, porque estando en pi su cabeza era muy mas alta que las nubes;
y nuestros filsofos le plantron un rbol muy grande en cierto sitio
que Torres  Quevedo hubiera nombrado por su nombre, pero que yo no me
atrevo  mentar, por el mucho respeto que tengo  las damas; y luego
por una serie de tringulos, conexs unos con otros, coligiron que la
persona que median era un mancebito de ciento y veinte mil pis de
rey.

Prorumpi entnces Micromegas en estas razones: Ya veo que nunca se
han de juzgar las cosas por su aparente magnitud. O Dios, que diste la
inteligencia  unas substancias que tan despreciables parecen, lo
infinitamente pequeo no cuesta mas  tu omnipotencia que lo
infinitamente grande; y si es dable que haya otros seres mas chicos
que estos, acaso tendrn una inteligencia superior  la de aquellos
inmensos animales que he visto en el cielo, y que con un pi cubririan
el globo entero donde ahora me encuentro.

Respondile uno de los filsofos que bien podia creer, sin que le
quedase duda, que habia seres inteligentes mucho mas chicos que el
hombre, y le cont, no las fbulas que nos ha dexado Virgilio sobre
las abejas, sino lo que Swammerdam ha descubierto, y lo que ha
disecado Reaumur. Instruyle luego de que hay animales que son, con
respecto  las abejas, lo que son las abejas con respecto al hombre, y
lo que era el Sirio propio con respecto  aquellos animales tan
corpulentos de que hablaba, y lo que son estos grandes animales con
respecto  otras substancias ante las quales parecen imperceptibles
tomos. Poco  poco fu hacindose interesante la conversacion, y dixo
as Micromegas.



CAPITULO VII.

_Conversacion con los hombres_.

O tomos inteligentes, en quien se plugo el eterno Ser en manifestar
su arte y su potencia, sin duda que en vuestro globo disfrutais
contentos pursimos; pues teniendo tan poca materia y pareciendo todos
espritu, debeis emplear vuestra vida en amar y pensar, que es la
verdadera vida de los espritus. En parte ninguna he visto la
verdadera felicidad, mas estoy cierto de que esta es su mansion.
Encogironse de hombros al oir este razonamiento los filsofos todos;
y mas ingenuo uno de ellos confes sinceramente que, exceptuando un
cortsimo nmero de moradores poquisimo apreciados, todo lo demas es
una cfila de locos, de perversos y desdichados. Mas materia tenemos,
dixo, de la que es menester para obrar mal, si procede el mal de la
materia, y mas inteligencia, si proviene de la inteligencia. Sabeis
por exemplo que  la hora esta cien mil locos de nuestra especie, que
llevan sombreros, estan matando  otros cien mil animales cubiertos de
un turbante,  muriendo  sus manos, y que as es estilo en toda la
tierra, de tiempo inmemorial ac? Horrorizse el Sirio, y pregunt el
motivo de tan horribles contiendas entre animalejos tan ruines.
Trtase, dixo el filsofo, de unos pedacillos de tierra tamaos como
vuestro pi, y no porque ni uno de los millones de hombres que pierden
la vida solicite un terron siquiera de dicho pedazo; que se trata de
saber si ha de pertenecer  cierto hombre que llaman Sultan,   otro
que apellidan Csar, no s por qu. Ninguno de los dos ha visto ni
ver nunca el rinconcillo de tierra que est en litigio; ni mnos casi
ninguno de los animales que recprocamente se asesinan ha visto
tampoco al animal por quien asesina.

Desventurados! exclam indignado el Sirio: cmo es posible imaginar
tan furioso frenes? Arranques me vienen de dar tres pasos, y con tres
patadas estruxar todo ese hormiguero de ridculos asesinos. No os
tomis ese trabajo, le respondiron, que sobrado se afanan ellos en
labrar su ruina. Sabed que dentro de diez aos no quedar en vida el
diezmo de estos miserables; y que, aun sin sacar la espada, casi todos
se los lleva la hambre, la fatiga,  la destemplanza, aparte de que no
son ellos los que merecen castigo, sino los ociosos despiadados, que
metidos en su gabinete mandan, mintras digieren la comida, degollar
un millon de hombres, y dan luego solemnes acciones de gracias  Dios.
Sentase el caminante movido  piedad del mezquino linage humano, en
el qual tantas contradicciones descubria. Siendo vosotros, dixo 
estos seores, del corto nmero de sabios que sin duda  nadie matan
por dinero, os ruego que me digais quales son vuestras ocupaciones.
Disecamos moscas, respondi el filsofo, medimos lneas, combinamos
nmeros, estamos conformes acerca de dos  tres puntos que entendemos,
y divididos sobre dos  tres mil que no entendemos. Ocurriles al
Sirio y al Saturnino hacer preguntas  los tomos pensadores, para
saber sobre qu estaban acordes. Qu distancia hay, dixo este, desde
la estrella de la Cancula hasta la grande de Gminis? Respondironle
todos juntos: Treinta y dos grados y medio.--Quanto dista de aqu la
luna?--Sesenta semi-dimetros de la tierra.--Quanto pesa vuestro
ayre? Crea haberlos cogido; pero todos le dixron que pesaba
novecientas veces mnos que el mismo volumen del agua mas ligera, y
diez y nueve mil veces mnos que el oro. Atnito el enanillo de
Saturno con sus respuestas, estaba tentado  creer que eran mgicos
aquellos mismos  quienes un quarto de hora ntes les habia negado la
inteligencia.

Dxoles finalmente Micromegas: Una vez que tan puntualmente sabeis lo
que hay fuera de vosotros, sin duda que mejor todava sabris lo que
hay dentro: decidme pues qu cosa es vuestra alma, y cmo se forman
vuestras ideas. Los filsofos hablron todos  la par, como ntes,
pero todos furon de distinto parecer. Cit el mas anciano 
Aristteles, otro pronunci el nombre de Descartes, este el de
Malebranche, aquel el de Leibnitz, y el de Locke otro. El anciano
peripattico dixo con toda confianza: El alma es una _entelecha_, una
razon en virtud de la qual tiene la potencia de ser lo que es; as lo
dice expresamente Aristteles, pg. 633 de la edicion del Louvre:
_Entelexeia esti_, etc. No entiendo el griego, dixo el gigante. Ni yo
tampoco, respondi el arador filosfico. Pues  qu citais, replic
el Sirio,  ese Aristteles en griego? Porque lo que uno no entiende,
repuso el sabio, lo ha de citar en lengua que no sabe.

Tom el hilo el cartesiano, y dixo: Es el alma un espritu puro que en
el vientre de su madre ha recibido todas las ideas metafsicas, y que
as que sale de l se v precisada  ir  la escuela, y aprender de
nuevo lo que tan bien sabia y que nunca volver  saber. Pues ests
medrado, respondi el animal de ocho leguas, con que supiera tanto tu
alma quando estabas en el vientre de tu madre, si habia de ser tan
ignorante quando fueras t hombre con barba. Y qu entiendes por
espritu? Qu es lo que me preguntais? dixo el discurridor, no tengo
idea ninguna de l: dicen que lo que no es materia.--Y sabes lo que
es materia? Eso s, respondi el hombre. Esa piedra por exemplo es
parda, y de tal figura, tiene tres dimensiones, y es grave y
divisible. As es, dixo el Sirio; pero esa cosa que te parece
divisible, grave y parda, me dirs qu es? Algunos atributos vs, pero
el sosten de estos atributos le conoces? No, dixo el otro. Luego no
sabes qu cosa sea la materia.

Dirigindose entnces el seor Micromegas  otro sabio que encima de
su dedo pulgar tenia, le pregunt qu era su alma, y qu hacia. Cosa
ninguna, respondi el filsofo malebranchista; Dios es quien lo hace
todo por m; en l lo veo todo, en l lo hago todo, y l es quien todo
lo hace sin cooperacion mia. Tanto monta no exstir, replic el
filsofo de Sirio. Y t, amigo, le dixo  un leibniziano que all
estaba, qu dices? qu es tu alma? Un puntero de relox, dixo el
leibniziano, que seala las horas mintras las toca mi cuerpo;  bien,
si os parece, el alma las toca mintras el cuerpo las seala;  mi
alma es el espejo del universo, y mi cuerpo el marco del espejo: todo
esto es claro.

Estbalos oyendo un sectario de Locke, y quando le toc hablar, dixo:
Yo no s como pienso, lo que s es que nunca he pensado como no sea
por medio de mis sentidos. Que haya substancias inmateriales 
inteligentes, no pongo duda; pero que no pueda Dios comunicar la
inteligencia  la materia, eso lo dudo mucho. Respeto el eterno poder,
y s que no me compete limitarle; no afirmo nada, y me cio  creer
que hay muchas mas cosas posibles de lo que se piensa.

Sonrise el animal de Sirio, y le pareci que no era este el mnos
cuerdo; y si no hubiera sido por la mucha desproporcion, hubiera dado
un abrazo el enano de Saturno al sectario de Locke. Por desgracia se
encontraba en la banda, un animalucho con un bonete en la cabeza, que
cortando el hilo  todos los filsofos dixo que l sabia el secreto,
que se hallaba en la Suma de Santo Tomas; y mirando de pies  cabeza 
los dos moradores celestes, les sustent que sus personas, sus mundos,
sus soles y sus estrellas, todo habia sido criado para el hombre. Al
oir tal sandez, nuestros dos caminantes hubiron de caerse uno sobre
otro, perecindose de aquella inextinguible risa que, segun Hornero,
cupo en suerte  los Dioses; iba y venia su barriga y sus espaldas, y
en estas idas y venidas se cay el navio de la ua del Sirio en el
bolsillo de los calzones del Saturnino. Buscronle mbos mucho tiempo;
al cabo topron la tripulacion, y la metiron en el navio lo mejor que
pudiron. Cogi el Sirio  los aradorcillos, y les habl con mucha
afabilidad, puesto que estaba algo mohino de ver que unos
infinitamente pequeos tuvieran una vanidad casi infinitamente grande.
Prometiles que compondria un libro de filosofa escrito de letra muy
menuda para su uso, y que en l verian el porque de todas las cosas; y
con efecto ntes de irse les di el prometido libro, que llevron  la
academia de ciencias de Paris. Mas quando le abri el secretario, se
hall con que estaba todo en blanco, y dixo: _ha, ya me lo presumia
yo_.

_Fin de la historia de Micromegas_.

       *       *       *       *       *




HISTORIA

DE UN BUEN BRAMA.

En mis viages encontr un brama anciano, sugeto muy cuerdo, instruido
y discreto, y con esto rico, cosa que le hacia mas cuerdo; porque,
como no le faltaba nada, no necesitaba engaar  nadie. Gobernaban su
familia tres mugeres muy hermosas, cuyo esposo era; y quando no se
recreaba con sus mugeres, se ocupaba en filosofar. Vivia junto  su
casa que era hermosa, bien alhajada y con amenos jardines, una India
vieja, beata, tonta, y muy pobre.

Dxome un dia el brama: Quisiera no haber nacido. Preguntle porque, y
me respondi: Quarenta aos ha que estoy estudiando, y todos quarenta
los he perdido; enseo  los demas, y lo ignoro todo. Este estado me
tiene tan aburrido y tan descontento, que no puedo aguantar la vida:
he nacido, vivo en el tiempo, y no s qu cosa es el tiempo; me hallo
en un punto entre dos eternidades, como dicen nuestros sabios, y no
tengo idea de la eternidad; consto de materia, pienso, y nunca he
podido averiguar la causa eficiente del pensamiento; ignoro si es mi
entendimiento una mera facultad, como la de andar y digerir, y si
pienso con mi cabeza lo mismo que palpo con mis manos. No solamente
ignoro el principio de mis pensamientos, mas tambin se me esconde
igualmente el de mis movimientos: no s porque exsto, y no obstante
todos los dias me hacen preguntas sobre todos estos puntos; y como
tengo que responder por precision y no s qu decir, hablo mucho, y
despues de haber hablado me quedo avergonzado y confuso de m propio.
Peor es todava quando me preguntan si Brama fu producido por Visn,
 si mbos son eternos. A Dios pongo por testigo de que no lo s, y
bien se echa de ver en mis respuestas. Reverendo padre, me dicen,
explicadme como el mal inunda la tierra entera. Tan adelantado estoy
yo como los que me hacen esta pregunta: unas veces les digo que todo
est perfectsimo; pero los que han perdido sus caudales y sus
miembros en la guerra no lo quieren creer, ni yo tampoco, y me vuelvo
 mi casa abrumado de mi curiosidad y mi ignorancia. Leo nuestros
libros antiguos, y me ofuscan mas las tinieblas. Hablo con mis
compaeros: unos me aconsejan que disfrute de la vida, y me ra de la
gente; otros creen que saben algo, y se descarrian en sus desatinos; y
todo aumenta la angustia que padezco. Muchas veces estoy  pique de
desesperarme, contemplando que al cabo de todas mis investigaciones no
s ni de donde vengo, ni qu soy, ni adonde ir, ni qu he de ser.

Causme lstima de veras el estado de este buen hombre, que no habia
otro de mas razon, ni mas ingenuo; y me convenc de que eso mas era
desdichado que mas entendimiento tenia, y era mas sensible.

Aquel mismo dia visit  la vieja vecina suya, y le pregunt si se
habia apesadumbrado alguna vez por no saber qu era su alma; y ni
siquiera entendi mi pregunta. Ni un instante en toda su vida habia
reflexonado en uno de los puntos que tanto atormentaban al brama;
crea con toda su alma en las transformaciones de Visn, y se tenia
por la mas dichosa muger, con tal que de quando en quando tuviese agua
del Ganges para baarse.

Atnito de la felicidad de esta pobre muger, me volv  ver con mi
filsofo, y le dixe: No teneis vergenza de vuestra desdicha, quando
 la puerta de vuestra casa hay una vieja autmata que en nada piensa,
y vive contentsima? Razon teneis, me respondi; y cien veces he dicho
para m, que seria muy feliz si fuera tan tonto como mi vecina, mas no
quiero gozar semejante felicidad.

Mas golpe me di esta respuesta del brama, que todo quanto primero me
habia dicho; y exminndome  m propio, v que efectivamente no
quisiera yo ser feliz  trueque de ser un majadero. Propuse el caso 
varios filsofos, y todos furon de mi parecer. No obstante, decia yo
entre m, rara contradiccion es pensar as, porque al cabo lo que
importa es ser feliz, y nada monta tener entendimiento,  ser necio.
Mas digo: los que viven satisfechos con su suerte bien ciertos estan
de que viven satisfechos; y los que discurren no lo estan de que
discurren bien. Luego cosa es clara, aadia yo, que debiera uno
escoger no tener migaja de razon, si en algo contribuye la razon 
nuestra infelicidad. Todo el mundo fu de mi mismo dictmen, mas
ninguno hubo que quisiese entrar en el ajuste de volverse tonto por
vivir contento. De aqu saco que si hacemos mucho aprecio de la
felicidad, mas aprecio hacemos todava de la razon. Mas,
reflexonndolo bien, parece que preferir la razon  la felicidad, es
garrafal desatino. Pues cmo hemos de explicar esta contradiccion? Lo
mismo que todas las demas, y seria el cuento de nunca acabar.

_Fin de la historia de un buen Brama_.





End of Project Gutenberg's Novelas de Voltaire Tomo Primero, by Voltaire

*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK NOVELAS DE VOLTAIRE TOMO PRIMERO ***

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